La crack

El Crack-Up de Scott Fitzgerald, una colección de ensayos, cartas inéditas y apuntes autobiográficos.

(fragmento de Crack-Up)

Esto me llevó a pensar que los que sobrevivieron habían logrado algo así como una fuga total. Es éste un amplio término y no guarda relación con la fuga de una cárcel cuando se dirige uno con toda seguridad a otra cárcel, si es que no lo llevan de vuelta a la misma. “Evadirse” o “huir de todo” no es sino una excursión en una trampa, aunque la trampa implique los Mares del Sur, que sólo son para quienes quieren pintarlos o navegarlos. Una fuga total es algo de lo que no se puede retornar; que es irreparable porque hace que deje de existir el pasado (…).

Me sentía como esos hombres de ojos somnolientos que solía ver en el tren local de Great Neck quince años antes: hombres a quienes no les importaba que el mundo fuera a caer en el caos al día siguiente siempre que sus casas quedaran a salvo. (…)

Y una sonrisa, ah, tenía que adquirir una sonrisa. Todavía estoy trabajando en esa sonrisa. Es para combinar las mejores cualidades de un administrador de hotel, una vieja y experta comadreja social, un director de escuela en el día de visitas, un ascensorista negro, un marica poniéndose de perfil, un productor comprando materia prima a mitad de precio, una enfermera de experiencia empezando un nuevo trabajo, una modelo en su primer anuncio público, un extra esperanzado pasando cerca de la cámara, una bailarina de ballet con el dedo de un pie infectado y, por supuesto, el gran rayo de amorosa bondad común a todos aquellos que desde Washington a Beverly Hills tienen que existir en virtud de la mueca.

El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince

Si la primera frase me atrapa es casi seguro que lo hará el resto del libro. Las primeras frases son motivo de colección, basta decir, por ejemplo, que la famosa revista American Book Review publicó una lista de las 100 mejores primeras frases de novelas. Todos los que escribimos tenemos comienzos preferidos, el mío hasta ahora es el de la novela Zapatos italianos Henning Mankell: “Siempre me siento más solo cuando hace frío”.  El comienzo de El olvido que seremos integra mi lista desde que lo leí por primera vez. Después Abad Faciolince se ocupa de contarnos quiénes son esas personas:

“En la casa vivían diez mujeres, un niño y un señor”, así empieza este libro extraordinario del escritor y periodista Héctor Abad Faciolince, nacido en 1958 Colombia, que recibió el premio Casa de América Latina de Portugal como mejor obra latinoamericana.

  En la casa vivían diez mujeres, un niño y un señor. Las mujeres eran Tata, que había sido la niñera de mi abuela, tenía casi cien años, y estaba medio sorda y medio ciega; dos muchachas del servicio —Emma y Teresa—; mis cinco hermanas —Maryluz, Clara, Eva, Marta, Sol—; mi mamá y una monja. El niño, yo, amaba al señor, su padre, sobre todas las cosas. Lo amaba más que a Dios.

En la parte titulada “Un niño de la mano de su padre” se recorre la relación del autor con su padre durante la infancia y lo hace desde su mirada de niño. La ternura y la intensidad de los sentimientos entre ambos y los hechos que los manifiestan están bellamente descritos con el lenguaje que se usaba en la familia. Sin duda una relación bastante poco común. Todo lo demás y los demás (con unas pocas excepciones) quedan en un segundo plano, son solo parte del escenario de una historia que tiene dos protagonistas: el autor y su padre. En ese sentido, es un libro autobiográfico y biográfico en tanto que contar la propia historia está puesta al servicio de reconstruir la vida de Héctor Abad Gómez, un médico idealista, romántico, que cultivaba rosales y trabajaba por la defensa de los derechos humanos, asesinado en el año 1987 por un grupo paramilitar.

Mientras leía, la musicalidad de El olvido que seremos me despertaba las mismas emociones que escuchar una ópera trágica italiana y al terminar pensé que esa música era el resultado toda la poesía que el padre le recitó al autor a lo largo de su vida. No es casual que Héctor Abad Faciolince también sea escritor de poemas.

Para contarnos su historia el autor utiliza técnicas narrativas y, en ese sentido, podría considerarse una novela. Si bien comienza con los recuerdos más tempranos del autor no sigue exactamente un orden cronológico. Acerca del estilo del libro dice Vargas Llosa: “nunca se excede en la efusión del sentimiento, precisa, clara, inteligente, culta, que manipula con destreza sin fallas el ánimo del lector, ocultándole ciertos datos, distrayéndolo, a fin de excitar su curiosidad y expectativa”. Está dividido en 14 partes tituladas con capítulos numerados, en un total de 42.

Fue escrita a 20 años de ocurrido el asesinato del padre, luego de intentar diversas maneras de narrar esta historia, incluso a través de personajes de ficción. ¿Cómo escribir la historia de un hombre bueno, se preguntaba el autor, cuando lo que despierta interés en los lectores es la de los malvados? Abad Faciolince siente la obligación de escribir la historia de ese hombre bueno entregado a causas nobles, sobre todo, cuando la historia de su padre cae en el olvido y en Colombia arrollan las autobiografías y biografías de asesinos. Decide hacerlo de la manera más simple siguiendo el ejemplo de la escritora italiana Natalia Ginzburg en su libro Léxico familiar.

En lo personal, si quiero saber de historia de algún tiempo y lugar, prefiero conocerla mediante la subjetividad del testimonio en primera persona que desde la arrogada objetividad de un historiador, con alguna excepción como es la del argentino Félix Luna. Solo a través de una víctima protagonista podemos aproximarnos a la dimensión de la tragedia de Colombia, en este caso entre los años 60 y fines de los 80. El horror, el alcance del magnicidio da escalofríos y lleva a preguntarse cómo es posible que una sociedad pueda naturalizarlo. Se calcula que desde 1960 hasta el presente han muerto más de 200.000 civiles y se han exiliado más de dos millones de personas.

A propósito de exilio, el propio autor debe irse del país porque su vida corre peligro y llega a Madrid en la Navidad del 87.  Lo espera Alberto Aguirre, uno de los dos amigos de su padre que sobreviven a la matanza de esos años y a quienes está dedicado este libro. Las páginas que dedica a hablar sobre cómo vive Aguirre el exilio son inolvidables. Las narra en tipo presente como veremos en los fragmentos que he seleccionado más abajo. Esta técnica de utilizar el presente histórico obliga al lector a ser testigo directo del hecho narrado es aplicada con maestría. La utiliza a lo largo de todo el libro incluso cuando reconstruye los últimos momentos de su padre.

 Aquí la del exilio de Alberto Aguirre:

Camina por las calles y habla solo. Habla y habla como hablan los locos, y mira a las muchachas con ojos ardientes, pues no tiene mujer y se consuela viendo, no atraviesa las calles por la esquina jamás sino a mitad de la cuadra. (…) «Esto se llama pasar a la torera», me explica el loco, y es verdad, lo veo con mis propios ojos, que torea sin capote los carros y los buses rojos de la Gran Vía (…) Así muchas veces, me cuenta, hasta que el loco decide que en adelante, con los camareros, hablará solamente en inglés. Detestan su acento sudaca, sus palabras sudacas, su imprecisión sudaca, sus zapatos sudacas y, sobre todo, su evidente pobreza sudaca. «Waiter, please, a coffee, an american coffee, if you don’t mind». Así le va mejor, lo consideran un turista excéntrico.

No siempre parece un loco; cuando va recién bañado y se ha peinado hacia atrás la larga cabellera, lo confunden con el poeta Rafael Alberti (…) A veces, por la calle, llora. O no llora, simplemente piensa en algún detalle del país lejano y los ojos se le ponen rojos de visiones remotas, las conjuntivas se excitan de no ver, y hay agua que chorrea por sus mejillas, pero no llora, digamos que llueve sobre su cara y él deja que la lluvia lo moje, como si tal cosa. Y como salen lágrimas saladas de sus ojos, así mismo salen palabras dulces de sus labios. La gente cree que habla solo, que el loco habla solo. Pero no es que hable solo, en realidad recita, recita largas tiradas de versos que se sabe, del Tuerto López(…) Camina por las calles de Madrid y recita. ¿Como un loco? No, como un exiliado.

El autor crece en una familia contradictoria. Una madre huérfana y pobre, criada por un arzobispo conservador, católica practicante y mujer práctica que, preocupada por un marido profesor que ganaba poco, decide organizar una empresa; un padre ateo, sin ningún sentido práctico, liberal, que paseaba desnudo por la casa porque los niños debían conocer cómo era el cuerpo humano.  

La influencia de la iglesia católica más retrógrada en la sociedad colombiana es impactante y asusta, considerando que el autor es solo un poco más joven que yo, no dejo de agradecer la suerte de no haber vivido algo similar en la Argentina. Entre los muchos religiosos mencionados en el libro, entre ellos varios familiares del autor, aparece el arzobispo Adolfo López Trujillo que se niega a autorizar una misa para la familia del hombre asesinado. El autor evita decir exactamente lo que piensa de él por pedido del editor para evitar un posible juicio. Cabe mencionar que el libro fue publicado a fines de 2006, cuando este personaje estaba vivo y era, además, presidente en Roma del Consejo Pontificio para la Familia. Hoy está muerto y es uno de los protagonistas principales de Sodoma de Frederic Martel, publicado en 2019 que recorre la vida de los hombres más perversos del Vaticano. 

La última parte se titula “El olvido” que refiere al intento desesperado que hacemos para sobrevivir a esa involuntaria acción. Al escribir, en cierta manera, se escribe contra la muerte como acto que busca preservar la memoria. También alude al título del libro que es el nombre de una poesía que el autor adjudica a Jorge Luis Borges. La relación de esa poesía con la muerte de Héctor Abad Gómez es tan extraordinaria, y literaria, que no parece real.  Y de hecho, cuando salió el libro hubo quien lo puso en duda y eso generó en el autor una búsqueda por varios países que plasmó en relato incluido en un libro posterior que llamó Traiciones de la memoria.

Héctor Abad Gómez fue asesinado a pocas cuadras de su oficina y de la de su mujer y casi toda su familia puede llegar rápidamente al lugar donde yace el cuerpo tapado por una sábana. Ha recibido 6 disparos (hay fotos en la web, que como dijo Roland Barthes “constatan lo que ha sido”). La madre le sacó el anillo de bodas y Héctor hijo le retiró del bolsillo dos papeles: uno contiene lista de las personas que días antes los paramilitares habían amenazado de muerte, el otro, escrita con la letra del muerto era la transcripción de un poema, que el autor creyó que se llamaba Epitafio, firmado con las iniciales JLB.  Ese poema llevó al autor a pensar que su padre estaba preparado para la muerte y que, de alguna manera, al exponerse como lo hacía, buscaba una muerte que tuviera algún sentido estético. Tal vez, solo tal vez, la vida de este hombre bueno se había quebrado años atrás con la muerte de su hija Marta, que es la niña con el violín que lleva la cubierta del libro.

Las víctimas siempre tienen mucha memoria. Así entre el deseo de olvidar la tragedia sufrida, acallar los gritos, los llantos, la sangre derramada en la calle, además de la culpa por no haber hecho algo para preservar la vida de su padre, surgió este libro como venganza y una única forma de justicia posible.

Dice Héctor Abad Faciolince: “De mi papá aprendí algo que los asesinos no saben hacer: poner en palabras la verdad para que esta dure más que sus mentiras”.

Atravesar las corazas del miedo por Ana Piazzetta

Hace varios años que voy al taller de Virginia, pero hace pocos meses que empecé a escribir formalmente mi autobiografía. Me llevó mucho tiempo atravesar las corazas del miedo.

Encontrar mi estilo y mostrarlo sin vergüenza. Virginia y mis compañeras de taller me ayudaron a superar estas dificultades y hoy puedo decir que he ganado confianza y claridad acerca de qué y cómo quiero comunicarme.

Así que desde desde marzo viajo en el tiempo todas las mañanas. Vuelvo a mi infancia, aun a mis primeros meses de vida y miro con ternura a la nena que fui. No te preocupes, le digo,  por lo que sé hasta el momento vas a vivir unos 72 años.

Cada mañana dejo el presente, viajo a diferentes etapas de mi vida y regreso a veces con pena, otras con rabia y muchas con alegría.  Escribir mi autobiografía es rescatarme. Entender. Resignificar. Recrear los hechos del ayer con la madurez del tiempo transcurrido y aceptar lo que fue.

He comprobado con este ejercicio, que no solo el pasado influye en mi presente, también mi presente interviene en el pasado. Este cotidiano pasaje de ida y vuelta me ha llevado a pensar que no somos nosotros los que tenemos tiempo para hacer tal o cual cosa. Es el tiempo el que nos tiene a nosotros.

Ana Piazzetta participa del taller a través de Skipe. El 11 de septiembre, escribió este saludo de cumpleaños para mí:

Antes de recalar en la calle… había intentado participar de otros talleres, en su mayoría de escritores relativamente conocidos.

No estaban especializados en autobiografía y los grupos eran en su mayoría de jóvenes “imberbes” que escuchaban impacientes lo que leía una “anciana” de 60 y luego cuestionaban cada línea. Después de trabajar desde los 20 años en publicidad conocía de memoria todas las miradas y suspiros de colegas, críticos implacables de cualquier texto escrito o dicho aunque sea en una frase de radio. Así que como entré, salí de esos lugares que seguramente no iban a enriquecer mi autoestima.

Encontrar el taller de Virginia fue llegar a un remanso. El lugar, cálido como ella, se me hizo nido y costumbre. Gracias a ambos: el espacio y su dueña, empecé a dejar fluir lo que sea que tuviera dentro de mí, que por años estuvo ceñido a un titular con gancho, un texto breve y un slogan.

Me costó tener confianza y hablar de ciertas cosas. Todavía me cuesta. Pero cada vez menos.

Ahora por ejemplo, me puse tan nerviosa para escribir esto que me olvidé la dirección del taller: lo primero que me salió fue monigotes y hugonotes, así que espero que alguien de Las Causeries me conteste para llenar el espacio del primer renglón.

Este año, fue especialmente difícil para mí. Hay etapas de mis vidas pasadas y actuales que me sacan más lágrimas que sonrisas mientras escribo. Pero gracias al estímulo de Virginia y sus ángeles sanadores -que también me sirven de ejemplo con sus memorias publicadas- lo voy logrando. Extraño todo de ese lugar donde me inicié y al que vuelvo por un rato cada jueves, aún con el coitus interruptus de la conexión internauta.

Las veo a las 17 hora de del este. Desde Traslasierra.

El libro digital es infinito

Un mar de libros en los galpones de Amazon
Un mar de libros en los galpones de Amazon

¡Guau! No lo había pensado. Todavía me resulta rara la idea de que ocurre todo un mundo dentro de lo virtual. Claro, imaginar lo virtual es pensar en un espacio donde hay una realidad paralela que también es infinita. Allí hay miles de millones de videos, documentos, fotos, mensajes, tuits, correos, búsquedas, intercambios de Tinder, música y, por supuesto, libros. El hecho de que no ocupen un lugar físico no hace que todo esto sea menos real.

 Un libro digital (contenido dentro de la jerga) es infinito, no se agota nunca. Puede distribuirse a todas partes del mundo al mismo tiempo y bajo el mismo costo (o casi). Puede incluir más que texto e imágenes. La lectura puede ser independiente del dispositivo. Permite no solo realizar una lectura pasiva sino también interactuar y compartir. Puede actualizarse (es dinámico) y además es personalizado: se puede adaptar a cada lector

Lo dijo Daniel Benchimol en un curso sobre edición digital que tomé hace unos días y, de paso,  a quien quiero agradecer la generosidad de habernos brindado sus conocimientos sin reservas. No es común. Además, como suele suceder con las personas apasionadas, era atractivo escucharlo. Las jornadas de tres horas pasaban volando.

Pero volvamos al libro digital, por supuesto que prefiero el libro papel, sin embargo el digital es bienvenido a mi mundo. Gracias a él puedo leer autores que de otra manera jamás hubiera tenido a mi alcance, porque ya no se editan, porque estamos en el fin del mundo y muchos no llegan hasta la Argentina, porque puedo llevar en mi cartera, dentro de un lector digital, cientos de libros y, sobre todo, porque puedo comprar el que deseo, tenerlo al instante en cualquier el lugar y momento. Por cierto,  siempre y cuando haya conexión a internet.

Curiosamente se escriben más libros que nunca y se leen menos libros que nunca. Al 47% de los argentinos, por ejemplo, no le interesa la lectura. YouTube, Facebook y sobre todo Netflix no solo son culpables de que las parejas hagan menos el amor; también, de que leamos menos. Yo lo he constatado en mis talleres. Por eso he adoptado la decisión de enviar links de audiolibros, audiocuentos o videos literarios porque se pueden escuchar mientras uno maneja, se baña, cocina o viaja… sin embargo mis autores no dejan de escribir. ¡Qué paradoja la de este tiempo!

Libros digitales hay de diferentes formatos: el más simple y limitado es el PDF que pertenece a Adobe, el Mobi es propio de Kindle Amazon, iBook de Apple, el ePub es libre y puede leerse al igual que el PDF en todos los dispositivos menos en los lectores de Kindle. (Continuará…)

Escribiendo mi libro por Laura Moro

Soy Laura Moro, preparadora de talentos para TV, Radio y Redes sociales. Vivo en Miami. Deseo poner por escrito lo que voy aprendiendo y experimentando, no solo en la vida, sino también en mi carrera profesional. Trabajé en Rosario, Buenos Aires en periodismo y locución, y, ya radicada en USA desde hace 16 años, me dedico a enseñar a hablar y desenvolverse naturalmente ante cámaras de la televisión, micrófonos y presentaciones en público. Entreno a las personas que intervienen en castings, certámenes de belleza y talento, también conductores de noticias, animadores de programas, políticos y ejecutivos.

En el intento de escribir mi libro, me di cuenta de que necesitaba ayuda para evitar que fuera convulso y sobre todo para sostener la concreción del proyecto. Escribir un libro era parecido a llevar una dieta; sin un bastonero, un “coach” como le dicen acá, mi libro no vería nunca la luz de las librerías.

Conozco y admiro a Virginia Haurie desde hace años, pero ¡vive en Buenos Aires y yo en Miami! Pero echamos mano a la moderna tecnología y desde hace unos meses nos encontramos semanalmente en el ciberespacio, por Appear, una aplicación magnífica. Nos conectamos, nos vemos y vamos leyendo y corrigiendo mis capítulos. ¡ Y así el trabajo progresa! Pero, ¡cuidado! Virginia no me deja pasar una… todo se revisa una y otra vez hasta lograr el efecto deseado.

Les aseguro que he renovado mi ilusión: presentar mi libro en la Feria del Libro 2020 ¡Gracias Virginia!”   

Laura Moro

https://www.instagram.com/lauramorocoach/?hl=es-la

Miami

@lauramorocoach

La metáfora erotiza la escritura

Esta afirmación pertenece al filósofo coreano Byung-Chul Han del libro La salvación de lo bello. Destaca que lo pulido, lo liso, lo impecable, son la seña de identidad de nuestra época y pone como ejemplo las esculturas de Jeff Koons, las depilaciones completas de hombres y mujeres, los diseño de los teléfonos. ¿Por qué hoy en día gusta tanto «lo pulido»?, se pregunta Han. Porque no daña, es fácil, no ofrece resistencia.

En lo relativo a la escritura dice también que lo que predomina es la suma de datos en detrimento de las narraciones, y destaca la metáfora porque establece un diálogo entre las cosas. Para Han la tarea del escritor es poetizar las cosas para descubrir las relaciones amorosas que están ocultas en ellas.

Las metáforas enriquecen la forma en la que nos expresamos. Es una palabra que viene del griego y significa “más allá o “transferir”. Una metáfora traslada el significado de un concepto a otro. Hace un uso figurado del lenguaje y en ese sentido, motiva la lectura activa porque pide al lector que la interprete de la manera que quiera. Los argentinos solemos usarlas mucho en el lenguaje cotidiano “ponete las pilas”, “me iría volando”, “me rompés el corazón”.

En síntesis: hay un término real y otro imaginario. El primero es el que se está haciendo referencia y el segundo es el que ocupa el lugar del primero. Ambos comparten alguna similitud o aproximación de significado.

Santiago Moll, autor de un blog educativo premiado, tiene un cuadro que ayuda a entender la diferencia entre metáfora, comparación e imagen.

Metafora-erotiza-escritura
Figuras retóricas en la escritura

A la hora de querer usar metáforas es aconsejable no recurrir a las que ya están gastadas como chancleta usada. Dijo Salvador Dalí, “El primer hombre en comparar las mejillas de una joven a una rosa fue obviamente un poeta, el primero en repetirlo fue posiblemente un idiota”. Por último, ¿cómo crear metáforas?

Recuerdo a un escritor que decía “yo miro, miro, miro las nubes  hasta que algo se me ocurre”. Cada quien tiene un sistema, el más común es enumerar o describir todas las características de lo que pretendemos metaforizar y después asociar libremente. Hay un juego que es llenar de sustantivos una bolsa y después sacar uno y pensar cómo se conectaría con lo que quiero convertir en metáfora. Claro está que no siempre funciona, pero muchas veces resulta algo bomba.  

Corregir con ayuda de la Web

Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.
Simone de Beauvoir

Al fin ponemos un punto final a nuestra historia. Sin embargo, no hemos terminado porque hay que corregir. Lo ideal es guardar el borrador un tiempo. Si lo que tenemos en nuestras manos es un libro, tratemos de vencer el impulso de mandárselo a algún editor interesado (si la intención es publicar) hasta tener los ojos frescos para empezar otra fase importante de la escritura que es la corrección. No todos los autores esperan terminar el libro para corregir y lo hacen a medida que avanzan, pero igual es necesario hacer una nueva revisión al finalizarlo.

Los muy obsesivos, deben saber que una corrección reduce los errores, pero no los elimina totalmente. Pensar un libro libre de errores es una fantasía. La corrección no significa ir en contra de la espontaneidad y la frescura de un texto y va más allá de revisar la ortografía, afinar una frase, quitar palabras o una oración aquí y allá o perfeccionar una metáfora. La corrección hay que pensarla como la oportunidad de contestarse qué es lo que uno quiso decir a través de lo escrito. Samanta Schweblin, una joven escritora argentina, dice que un buen cuento te regresa a tu mundo con algo distinto, como una suerte de revelación con algo nuevo que se ha aprendido o entendido, algo del mundo o de uno mismo, una búsqueda. Yo diría exactamente lo mismo de una historia real.

Aprender a corregirse es aprender a escribir. Se trata de un trabajo lento y esmerado que al principio se vive como algo latoso pero, aun cuando parezca increíble, con el tiempo se descubre placentero.

El primer proceso de corrección se conoce con el nombre de editing o edición de mesa, que es la revisión necesaria para que el texto refleje lo que se quiere transmitir en contenido y forma. No debe confundirse con la corrección de estilo, que es la que se ocupa de la ortografía, la gramática, la semántica y la claridad de un texto. Lo cierto es que ya plasmada la historia logramos la apertura necesaria para detenernos a pensar si transmitimos lo que nos propusimos, así como analizar la precisión del lenguaje o mejorar la manera de moldear una idea o un sentimiento complejo, o simplemente eliminar lo que sobra.

Siempre se puede recurrir a profesionales, pero es útil saber que hay recursos gratuitos en la Web. Stilus es uno de ellos.

En Stilus podés hacer correcciones ortográficas. Se parece al corrector de Word, pero con la diferencia que podés pedir que te adviertan por ejemplo de: errores de espaciado (esos feos blancos que quedan entre palabra y palabra, por lo general cuando corregirnos), advertir de redundancias y usos abusivos, nombres propios mal escritos o verificar apertura y cierre de signos dobles. Las opciones de revisión son 18 y tiene un diccionario que reconoce nuestra castellano (tildarlo al final de la página).

Igual que el corrector del Word está lejos de ser perfecto, pero ayuda.

He tomado el texto breve del post anterior para mostrarte el funcionamiento.

Una vez que te inscribís en la primera página aparece el corrector ortográfico y las opciones. A la derecha te va presentando los errores. En mi texto había un error que no detectó, pero me alertó porque la maquina entendía que era un pronombre “él” : lo correcto era “el desarrollo pobre de un texto” y yo había escrito “el desarrolla pobre de un texto”. Antes me había corregido la falta de una coma después de “al tiempo”.

También podés contar con un informe de la corrección y el texto se puede pegar o insertar desde el archivo:

Después está el análisis morfológico. Acá solo se pueden incluir 100 palabras cada vez.

La imágenes que siguen solo muestran pequeños fragmentos del análisis de mi texto.

Aconsejo entrar y recorrer la página. Tiene varias herramientas más.

https://www.mystilus.com/

«La escritura precisa es un acto de respeto hacia el mundo»

Lo dijo el escritor español Julio Navarro

Justo Navarro es también poeta, traductor y crítico. Escribió Finalmusik, una novela que transcurre en Roma en 2004. Las brigadas islámicas lanzan un ultimátum para deponer al primer ministro bajo amenaza de incendiar Italia y al mismo tiempo una mujer identifica cerca del circo romano al criminal más buscado de Italia. Estos hechos se entrelazan con notas de los diarios personales reales del autor. Se narran hechos de su vida con hechos ficticios en primera persona. El protagonista se identifica con las iniciales del autor.

“La ficción añade a la realidad y permite al escritor entrar en la intimidad de otras personas y ponerlas a hablar”, dice el escritor.

Volvamos a la concisión. Una frase puede estar bien redactada y tener un sentido claro, pero no ser concisa. Lo que se puede decir con menos palabras sin perder el sentido, mejor. No confundir concisión con el desarrollo pobre de un texto.

Aquí el ejercicio de mi último post en Instagram y las soluciones: Petenece al libro Corte y corrección de Marcelo Di Marco

Ejercicio:

Sacar las palabras que sobran:

1. En este fragmento hay una palabra más que en el original.

Me levanté de un salto y corrí velozmente al dormitorio.

2. Una palabra más que en el original.

Era estremecedor el desamparo de esa mujer, aislada por una infranqueable barrera de locura.

3.  Dos palabras más.

Ya no se oía el ruido del tiroteo.

4.  Dos palabras más.

En las manos del indio, el arco dejó de ser una pieza de museo y se volvió un objeto con vida propia.

5.  Dos palabras más.

El retiro del doctor Agüero no hizo que mejorara la disciplina interna del Colegio.

6.  Tres palabras más.

Tal vez tenga que escribir todo de nuevo sobre papel blanco, con tinta azul, o negra, o roja como el color de su sangre.

7.  Tres palabras más.

El pobre Juan tenía una sola y única debilidad: la música.

8. Tres palabras más.

Su biblioteca atesora centenares de volúmenes en sus estantes.

Textos originales

  1.  Me levanté de un salto y corrí al dormitorio.

 —Juan José Manauta

  •  Era estremecedor el desamparo de esa mujer, aislada por una barrera de locura.

—Cristina Fernández Barragán

  •  Ya no se oía el tiroteo.

—Manuel Gálvez

  •  En las manos del indio, el arco dejó de ser una pieza de museo y se volvió un objeto vivo.

—Sylvia Iparraguirre

  •  El retiro del doctor Agüero no mejoró la disciplina interna del Colegio.

—Miguel Cané

Repeticiones

Una manera de analizar tu texto con ayuda de la web

La web está llena de herramientas para diferentes propósitos. En este caso voy a hablar de DataBasic, una forma fácil de analizar tu texto y ver las palabras y frases que se repiten.

Al entrar a https://databasic.io/es/, verás abajo a la izquierda en cuadrado naranja que dice Word Couter, la traducción es “contador de palabras”, tenés que hacer clic y se abre otra página que te da cuatro opciones a nosotros nos interesa las dos del medio: “pegar texto” y “subir un archivo”. Si elegís la primera tenés que ir al lugar donde está tu escrito,  seleccionarlo (iluminar) y después pegarlo en el cuadro blanco que se abre cuando hacés clic sobre “pegar texto”. Si preferís subir el archivo, das un clic en “subir archivo” y se abre la opción de buscarlo dentro de tu PC.

Un ejemplo: Usaré un breve texto a modo de introducción para un libro que escribí, sobre cómo viven las personas que tienen vidas largas, con el fin de publicarlo en España y Mexico.

 Y cuando subí lo escrito a la página de DataBasic lo primero que apareció fue el siguiente dibujo:

Se trata de un texto de 220 palabras y esta es una parte de composición (no incluyo las que solo aparecen una vez):

El dibujo revela las palabras más importantes del texto y me parecen representativas de lo que quería expresar. Acá lo incluyo.

¿Por qué?

Llegar a los 100 años y más se ha convertido en una posibilidad gracias a los avances científicos. ¿Cómo nos preparamos para vivir esos 30 años que la humanidad se ha regalado?

¿Existe alguna fórmula para vivirlos en buen estado?

Yo no soy médica ni científica, solo una persona que, a través de la escritura, indago sobre aquello que me inquieta o despierta mi curiosidad. Si has leído o visto mis libros, verás que responden a temáticas y géneros diversos. Pues bien, un día tomé conciencia de que empezaba a cruzar el umbral de la vejez y no sabía qué hacer con eso. El camino de las cirugías rejuvenecedoras no me interesaba. Fue Christiane Dosne Pasqualini, científica y primera mujer en la Academia de Medicina de la Argentina, que llegó a mi taller de escritura con 94 años, quien me señaló la dirección correcta. Así surgió este libro que en cierto sentido es una larga charla entre quienes se acercan a la vejez y quienes, acercándose a los 100 años, la han transitado.

A través de la vida de hombres y mujeres de vidas largas y también de indagar qué pasa con la vejez desde la perspectiva histórica, científica, social y artística fui encontrando mis respuestas. Mi más ferviente deseo es que el lector pueda encontrar las suyas.

El libro se puede comprar haciendo clic en: https://www.amazon.es/C%C3%B3mo-viven-los-que-a%C3%B1os-ebook/dp/B07QGPC7ZF/ref=sr_1_3?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=2QKKXGW2L13XI&keywords=virginia+haurie&qid=1554762519&s=gateway&sprefix=virginia+hau%2Caps%2C341&sr=8-3

En la Argentina se publicó con el nombre No dejo entrar al viejo en casa y se vende a través de la web www.virginiahaurie.com.ar

La Casa Rosenthal

Vivir y morir en Formosa, la tan amada

Se presenta en la Usina Cultural

Dice Eliana Mutio, la autora, en la contraportada de su libro:

En 1929 una pareja de inmigrantes judíos llega desde Palestina a la ciudad de Formosa en la República Argentina. Esta es la historia de sus vidas, sueños, concreciones, logros, alegrías, dolores y el corolario dramático de su triste final: un feroz asesinato con la única intención de despojarla de sus bienes. El antisemitismo, la impunidad y la injusticia borraron toda huella de una familia que fue pilar sustancial de la sociedad formoseña.

Los convoco a conocerlos y los conmino a no olvidarlos. Esta historia nos interpela como ciudadanos a decidir en qué sociedad queremos vivir.

Te invito a la presentación del libro Casa Rosenthal. Vivir y morir en Formosa, la tan amada el día 25 de marzo a las 18 horas en la Usina Cultural, Nicaragua 4899, CABA. Acompañan, a Eliana Mutio, autores del Colectivo de Autobiografía, Historia familiar y Autoficción, familiares de la familia Rosenthal y yo, como editora de la obra.
Brindaremos con una copa.
Te esperamos.