El viaje de los libros

A modo de presentación de mi último libro Grandes Escritores. Cómo cuentan sus vidas. Mi primer libro nació del sueño que tuvo Félix Luna, un historiador, y a la vez gran escritor. Yo lo quería y admiraba. En medio de la angustia por el fin del gobierno de Alfonsín. Falucho, como lo llamábamos los amigos, soñó que yo escribía sobre la gestión cultural que habíamos hecho en los barrios de Buenos Aires. Pensé: si él lo soño, yo lo tengo que escribir. Y nueve meses después le di a leer un capitulo, por casualidad, el 11 de septiembre de 1990, día de mi cumpleaños 40. Ayer hizo exactamente 30 años.

Lo que me trajo este recuerdo fue otro recuerdo que me lo despertó ayer Juan Mari Irazustabarrena, un escritor del país vasco que se encuentra a días de la publicación de su primer libro. Está ansioso, y tal vez asustado, por la exposición que significa publicar un libro; si, además, como en este caso, es una obra del género autobiográfico, imagino que también tiene una fuerte sensación de vulnerabilidad, porque cuando es sincera, se revela lo más profundo del alma de su autor.

Intercambiando mensajes con Juan Mari sobre mi libro acaba de salir (quería un comentario) recordé la frase de Falucho cuando publiqué el del sueño, El oficio de la pasión, Sudamericana, 1991, que fue con el que inicié mi camino literario: “es inimaginable a dónde puede llegar un libro y las satisfacciones que te puede dar”.

Desde entonces nunca dejé de escribir, leer o hacerlos (editarlos). A veces, el viaje puede durar años. Antes de ayer recibí la carta de una lectora para agradecerme por haber escrito Mujeres en tierra de hombres, (Sudamericana, 1996 Artemisa 2012). Se lo habían regalado 8 años atrás, pero lo acababa de leer como consecuencia del encierro por el Covid. Agregaba que ahora lo estaba leyendo, entusiasmada por conocer historias de mujeres valientes, su sobrina de 15 años. Qué regalo sus palabras y también el de su tiempo, por hacérmelo saber. Otras veces el viaje es a tierras lejanas. Mi amistad literaria, allende los mares, con Juan Mari nació gracias a otro de mis libros: El escritor autobiográfico.

Me pregunto: ¿qué viajes emprenderá Grandes Escritores. Cómo cuentan sus vidas?

Transcribo a continuación, el comentario de Juan Mari: “La primera reacción fue como de “repulsa”, joder, veo un puñado de niños y niñas prodigio en la portada… ¿qué van a contar esos de sus vidas?, pensé. A algunos no les conocí por la foto de niño, sí por el nombre (he leído algún libro de ellos). Se me abrió un hilo de esperanza, quizás Virginia, conociéndola, había ido más allá del tema mediático de cada autor, pensé. Por eso, comencé a leerlo. Las primeras páginas no me dijeron mucho, la verdad, pero la curiosidad pudo más y seguí avanzando. Cuál fue mi sorpresa cuando la señora Virginia con una habilidad increíble ha conseguido unir un autor con otro, contar breves experiencias personales logrando que esos famosos bajen a ras de tierra y dar a entender que, aunque no nos parezca, son humanos y han tenido y tienen problemas como los demás.

En resumen, el libro me parece muy bueno. He conocido autores que no sabía de su existencia (encima he leído “retazos” de sus vidas), y ahora tengo varios trabajos: a algunos famosos bajarlos de su pedestal y quizás a otros les tenga que dar la oportunidad de empezar a leerlos enseguida.

¿De dónde vengo?

de Cristina Moreiras

Siempre tuve curiosidad histórica, el pasado me atrae y si me pertenece de alguna manera, más aún. Mis padres vinieron a la Argentina en el año treinta, cuando Gardel cantaba mi Buenos Aires Querido e Irigoyen había sido derrocado, en España se había terminado la Dictadura de Primo de Rivera y el rey preparaba sus valijas para el largo exilio de la monarquía. La historia pasada de España y la Argentina la conocía bien, pero de mi familia solo llegaba a mis abuelos y tíos. Era tiempo de saber sobre mis ancestros que habían sido simplemente campesinos de una aldea gallega. Ellos eran mi sangre a través del tiempo por eso debía desenterrar su historia que dormía en aquellas tierras, en sus casas y en viejos papeles guardados celosamente en un cajón de algún mueble que talvez alguno de ellos construyo.

            Mi camino en busca de los orígenes se inicio viajando a la aldea de Susa en el Ayuntamiento de Taboada, provincia de Lugo, Galicia. Al visitar a mis primas que viven aún en la casa familiar recibí de ellas documentos de acuerdos de dotes, mejoras y algunos otros entre los que se encontraba un árbol genealógico armado por mi abuelo paterno. Su objetivo había sido  desde ahí arrancar con el reparto de su herencia entre sus hijos partiendo de los bienes que a través de más de trescientos años se incorporaron a la Casa del Menor (nombre que recibe la casa familiar de mi padre).

            Ese árbol fue la mejor herencia que mi abuelo me legó, a través de él comencé a recorrer el largo camino de recomponer mi historia familiar. Complete los datos con la información de los documentos, visité la parroquia de San Martiño (donde además mis ancestros se encuentran sepultados) en busca de información y luego el obispado para remontarme más allá en el tiempo. Llegué así al año 1737 cuando el apellido de la familia era Díaz no Moreiras.

            Así, hace más de veinte años comencé a navegar en e mundo de la genealogía, conocí a los Mormones que en aquel momento solo tenían los microfilm que podías consultar en sus centros. El de Buenos Aires era en la calle Humbold, en Palermo. Allí me dirige cual avezada investigadora, recordé mis visitas al Archivo Nacional en mis años de estudiante de Profesorado de Historia. Tuve la primera desilusión cuando me dijeron que los obispados españoles no los dejaban microfilmar, por ello solo lo podría seguir investigando sola en mis viajes a España. Pasé varias mañanas detrás de las murallas de la ciudad de Lugo en el archivo del obispado. Encontré información pero no mucha más de la que me brindó mi abuelo y los documentos guardados en la Casa del Menor. En la Casa do Anton vecina de ella donde nació y vivió mi madre, también había documentos que mi prima me aportó, pero no tenían el árbol y se referían más a litigios por la herencia y la dote de mi abuela. Una historia que alguna vez escribiré, aunque los silencios y los secretos familiares no me permitieron ahondar mucho en ella, solo comprender las distancias con esa rama familiar y aprender a poner paños fríos a los enfrentamientos familiares para que la sangre triunfe sobre el dinero, tarea no fácil.

            El siguiente paso fue volcar la información en la página www.myheritage.com  que me acompaña hasta hoy. A través de ella he podido dar información a otros navegantes en los mares del pasado ancestral. Aún hoy recibo mail y mensajes de la pagina por coincidencias con otros árboles. La nota de color es que como todo era prueba y error lo cargue varias veces y así algunas coincidencias eran con los míos. Incursiones luego en otras páginas con historias de apellidos, mapas que te ubican en el mundo. Todo este camino me aportaba tanta información que termine escribiendo mi historia familiar Nuestros Ancestros Gallegos.

Si te preguntas, por tus ancestros, sus nombres, sus orígenes y te propones buscarlos, tu investigación debe tener un cierto orden eso lo brindará armar un árbol genealógico con nombres, fechas, lugares de nacimiento y defunción. Hay varios sitios en la red  que te pueden guiar.

            El segundo paso sería la búsqueda de toda la documentación posible que acredite esos datos. Para arrancar tendrías que buscar en los registros públicos del lugar donde nacieron o fallecieron. Así recorrerás los registros civiles en la Argentina primero para pasar, luego, a los lugares de donde emigraron. Hasta el siglo veinte los mayores registros se encuentran en las Parroquias luego de un tiempo pasa a los Obispados. También se puede encontrar información en registros de otras comunidades religiosas. Los mormones basados en la teoría según la cual nuestros ancestros nos van a salvar, fueron los mayores recopiladores de esta información, microfilmaron todos los registros que se les permitió, en algunos casos la iglesia católica fue renuentes con su colaboración por eso se perdió mucha información. Gracias al desarrollo de las comunicaciones en las redes hoy existen otras vías para conseguir datos, las más importantes son las que surgieron del aporte de los mormones, además de los registros de Comunas, Ayuntamientos etc. que envían partidas por correo y a través de la Web y reciben pedidos por esa misma vía. Podemos encontrar en las redes varias páginas:

http://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/Genealogia/busqueda_antepasados/

www.germanculture.com.au

www.pantaenius.com.ar

www.apellidositalianos.com

Podría seguir enumerando otros sitios de internet para tu búsqueda en la Web, son muchos y también es mucha la información. Pero siguen siendo los mormones los mejores en el tema, como cuando solo guardaban los microfilms en sus archivos y permitían ir a consultar, es por eso que sus páginas gratuitas son muy completas.

www.myheritage.com

www.familysearch.com

            Mi recomendación en esta búsqueda es no dejar tus datos en cualquier Sitios Web que solo quieren “chupar” tus datos o gestionar información a cambio de dinero.

Si tu curiosidad te lleva a buscar donde están tus raíces y de dónde vinieron en un mapa, te recomiendo: www.forebears.io. Es divertido recorrer el mundo  buscando parientes.

            En este viaje a tu pasado ancestral te deseo muchos éxitos y buenos momentos. Quizás llegues a pensar que los mormones tienen un poco de razón en guardar bajo una roca megalítica la información para que en el fin del mundo ellos nuestros ancestros nos vengan a salvar, aunque hoy solo sabemos que conocer nuestra genética nos puede ayudar a vivir mejor y encontrar la identidad que a veces es el camino a nuestra verdad.

De guerreros y mercaderes

de Matilde García Moritán. Comentario de María Cristina Moreiras


            De guerreros y mercaderes relata una historia familiar estrechamente ligada a hechos históricos de nuestro país. Sus protagonistas despiertan sentimientos encontrados como muchos del pasado argentino.

Se puede adquirir en Amazon

Me cautivó escuchar las confesiones del viejo Coronel Benjamín Moritán en la cama del hospital, poco antes de morir, sobre su paso heroico por las armas; también, la vida aventurera del mercader, Esteban Rams y Rubert, plagada de dolor que ningún económico le permitió superar, es cinematográfica, sobre todo el asalto que sufre su barco mientras viaja por el río con sus hijos pequeños y el cadáver de su esposa.

Traer al presente a través del diálogo de la autora con su hijo Lucio me pareció un recurso muy bueno. Acerca los personajes a la realidad y descubre los sentimientos de la autora y la importancia de dejar testimonio de la vida de los ancestros.

Me hubiera gustado saber más de Lucio, aunque de ninguna manera eso opaca la importancia y la calidez del diálogo.

El árbol genealógico debería tener letras más grandes, no se leen bien los nombres y no es fácil seguir la genealogía para quien no es un experto en el tema.

El libro atrapa. ¡¡¡Me encantó!!!

María Cristina Moreira pertenece al grupo de autores que coordino. Es historiadora y autora de Nuestros ancestros gallegos, Los secretos de la abuela Victoria. Escribe para la Colección autobiografía historia familiar y autoficción

Paso a paso. Cómo aprovechar las promociones gratis de Amazon

Propongo usar del gigante lo que nos puede ser útil. Sería deseable que estemos al tanto de cómo funcionan las multinacionales, qué puede ser efectivo para regularlas y qué podemos hacer cada uno.

Mientras tanto hay dos cosas que se pueden aprovechar: los libros sin costo y la edición, que si uno se da un poco de maña con el uso de la PC, también es sin costo. Cierto es que cuando algo es gratis no somos el cliente, sino el producto. Cada uno hará su balance.

En este post mostraré cómo descargar los libros gratis que se pueden obtener en Amazon. Ofrecer libros gratis o con grandes rebajas es parte de su política comercial, y debe darle algún resultado porque solo se puede hacer cada 90 días.

Paso a paso cómo hacer.

Ir a la página www.amazon.con desde tu teléfono o desde la pc

  • En la flechita al lado de la bandera se puede cambiar al idioma español
  • Teclear al lado de la bandera: en cuentas y listas y pulsar en cliente nuevo:

Se abre esta ventana:

4 -Crear cuenta: poner nombre correo electrónico y contraseña ( no hay poner tarjetas de crédito para bajar libros gratis).

Ya estás suscrito a Amazon.

Ahora tenés que bajar la app para poder recibir y leer el libro:

  • Lo podes bajar a la pc, al teléfono, a la tablet, a tu lector de libros electrónicos kindle (si tenés lector de libros electrónico de otra marca no podés recibir libros de esta empresa) y en todos se sincroniza siempre que uses el mismo correo y contraseña.

IR AL TELEFONO (LA APP ES GRATIS) Para leer el libro desde tu teléfono

También podes bajar la app desde la página de Amazon, pero es más fácil desde Play Store

  1. ir  play store:
  2. buscar Kindle
  1. Es la app del dibujo del niño leyendo. Cuando la abrís se pone el mismo correo y contraseña que usaste cuando abriste tu cuenta en Amazon.

  1.  ir a  Microsoft store :
  2.  buscar Kindle : te cobra $70

EN LA PC ( si es que también querés leer el libro desde tu PC)

  • Volver a la página de www.amazon.com (desde el teléfono o desde la pc)

Ahora ya vas a ver tu nombre al lado de la banderita

  • Los días de la promoción para bajar gratis mi libro El escritor autobiográfico es del 16 al 20 de diciembre.
  • Donde esta en blanco escribir “el escritor autobiográfico ebook”

Tenes que llegar a esta página. La palabra kindle indica que es el libro digital. Cuando dice tapa blanda es la versión papel y para los argentinos es caro porque las impresiones se hacen en USA, España y creo que en Inglaterra.

Pulsar el de la izquierda donde dice comprar ( como no pusiste tu tarjeta no tengas miedo al hacerlo) Ahora si registraste tu tarjeta de crédito porque pensás comprar algún libro, tener en cuenta que en Amazon se compra con el primer click

De ahora en más ya podés bajar muestras gratis del libro que te guste (y después comprarlos en una librería, si no querés comprarle a Amazon) y bajar todos los libros gratis que cada tanto promociona Amazon.

Te muestro un ejemplo del libro gratis que bajé mientras hacía este post:

En la franja blanca escribí “libros gratis” y aparecieron varios. Se ve que el costo es 0. Se hace clic en comprar

La lista de ofertas de libros gratis cambia periódicamente.

A la izquierda pregunta a dónde enviar:

Abro la ventanita y me da todas mis opciones. yo tengo la app de Kindle en el teléfono, en la tablet, y el lector de libros electrónico kindle y en la pc. Elijo que me lo mande a ala tablet ipad. Llega al instante.

Si no es clara esta explicación, escribime.

Acerca de incluir con la e, la x o la @

Que el lenguaje en gran parte nos invisibiliza lo descubrí en los 80 cuando tuve un psicoanalista lacaniano. Se hace evidente, por ejemplo, en el masculino genérico que se utiliza aunque refiera a un grupo con mayoría de mujeres, o en la apropiación de los varones de la palabra hombre. La cultura de la época en la que vivimos –que la lengua expresa– se nos imprime como un sello en nuestro inconsciente, y no habría reparado en eso si alguien no lo hubiera puesto en palabras.

El oficio de escribir debió ocuparme antes de tomar una postura respecto del lenguaje inclusivo, sin embargo, no me sentí impelida a hacerlo hasta que la nueva ola feminista lo puso en la agenda (en ese sentido, ¡chapeau! ), y sobre todo porque estoy escribiendo un libro sobre mujeres. Hace un tiempo organicé una reunión virtual, un zoom, con amigos de la lengua escrita para reflexionar sobre el tema, pero no alcanzó para esclarecerme. A punto de terminar con ese libro (escrito a seis manos) debo, debemos, tomar una decisión, y es por eso que estoy escribiendo, porque es mi manera de pensar y, eventualmente, entender.

Para empezar, debo explicarme por qué siento rechazo al uso del lenguaje inclusivo. ¿Es la famosa resistencia al cambio? No. Rechazo la pelea y la división que provoca y, sobre todo, la imposición desde el poder cuando la lengua es el instrumento imprescindible para el entendimiento. ¿Quién gana con esto?, ¿las mujeres? No lo creo.

Por supuesto que me molesta el genérico masculino y muchos otros giros de la lengua, pero no puedo utilizar la “x” o la “arroba” o cualquier otro artificio que no se pueda leer, aunque puedan ser adecuados para carteles de guerra, para tomar conciencia. Lo mismo pienso del uso de la “e”  en las desinencias, más allá de que vuelve imposible la lectura, quiebra el poder de las palabras, tanto de las que nos representan como de las que no, pero sobre todo rompe con la posibilidad de comunicarnos con los que piensan diferente.

La mayor dificultad para debatir este tema es la tendencia a aceptar soluciones fáciles a problemas complejos, y, así, porque soy feminista uso el lenguaje inclusivo y quien no lo usa es machista. El problema está directamente vinculado a la pregunta: ¿la lengua cambia la realidad o la realidad cambia y la lengua lo refleja? Es posible que las dos posturas tengan una parte de razón. En ese sentido, poner en palabras lo que no está dicho es un camino a seguir más no el único, hay muchas otras maneras de intervenir en la realidad además de la lengua oral o escrita (por ejemplo, los juguetes que le doy a mis hijos).

Volviendo a la lengua, ¿qué recursos tenemos? Pienso que podemos dejar marcas (shifter*). La más sencilla es el desdoblamiento (leí en algún lado que no hay nada más democrático que el uso de la conjunción “y”), claro, que en un libro de 300 páginas, regularía el uso porque la lectura podría resultar agotador y debería tener en cuenta, además, el orden de los géneros. También podemos usar los recursos que tiene el idioma, sobre todo el español que es tan rico, como el relativo o la paráfrasis. Sería hacer un uso consciente de la lengua.

En uno de mis talleres de escritura hay nueve mujeres y un varón, y debo decir que, cuando me dirijo al conjunto, cada vez me resulta más incómodo usar el masculino genérico. Me escucho diciendo frases como “chicas y chico” o “bancate, Juan, que use el femenino” y así. Reflexionando sobre este hecho concluyo que si me pasa a mí, también le pasa a quienes (otras y otros) como yo miren con atención a este tema; entonces es posible vislumbrar que, poco a poco, sin darnos cuenta es posible llegar a consensos, por ejemplo, del uso del genérico femenino; y, sin duda, otras formas que irán surgiendo hasta que un día ya no sea necesario recurrir a artificios en la lengua para vernos representadas.

Al fin, puedo hacer una propuesta para las coautoras del libro que tal vez se llame El viaje o Una charla entre m

Descubrí en los 80, cuando tuve un psicoanalista lacaniano, que el lenguaje nos invisibiliza. Se hace evidente, por ejemplo, en el masculino genérico que se utiliza aunque refiera a un grupo con mayoría de mujeres, o en la apropiación de los varones de la palabra hombre. La cultura de la época en la que vivimos –que la lengua expresa– se nos imprime como un sello en nuestro inconsciente, y no habría reparado en eso si alguien no lo hubiera puesto en palabras.

El oficio de escribir debió ocuparme antes de tomar una postura respecto del lenguaje inclusivo, sin embargo, no me sentí impelida a hacerlo hasta que la nueva ola feminista lo puso en la agenda (en ese sentido, ¡chapeau!), y sobre todo porque estoy escribiendo un libro sobre mujeres. Hace un tiempo organicé una reunión virtual, un Zoom, con amigos de la lengua escrita para reflexionar sobre el tema, pero no me alcanzó para esclarecerme. Como autoras de un libro escrito a seis manos debemos, debo, tomar una decisión, y es por eso que estoy escribiendo, porque es mi manera de pensar y, eventualmente, entender.

Para empezar, debo explicarme por qué siento rechazo al uso del lenguaje inclusivo. ¿Es la famosa resistencia al cambio? No. Rechazo la pelea y la división que provoca, y sobre todo la imposición desde el poder, cuando la lengua es el instrumento imprescindible para el entendimiento. ¿Quién gana con esto?, ¿las mujeres? No lo creo.

Por supuesto que me molesta el genérico masculino y muchos otros giros de la lengua, pero no puedo utilizar la x o la arroba o cualquier otro artificio que no se pueda leer; aunque pienso que pueden ser adecuados para pancartas, para tomar conciencia. Lo mismo pienso del uso de la e en las desinencias, más allá de que vuelve imposible la lectura, quiebra el poder de las palabras, tanto de las que nos representan como las que no, pero sobre todo rompe con la posibilidad de comunicarnos con los que piensan diferente.

La mayor dificultad para debatir este tema es la tendencia a aceptar soluciones fáciles a problemas complejos, y, así una persona determina “porque soy feminista uso el lenguaje inclusivo y todo el que no lo usa es un machista”. El problema está directamente vinculado a la pregunta: ¿la lengua cambia la realidad o la realidad cambia y la lengua lo refleja? Es posible que las dos posturas tengan una parte de razón. En ese sentido, poner en palabras lo que no está dicho es un camino a seguir mas no el único, hay muchas otras maneras de intervenir en la realidad además de la lengua oral o escrita (por ejemplo, los juguetes que le doy a mis hijos, o al contar un cuento infantil incluir protagonistas mujeres en roles no tradicionales del género).

Volviendo a la lengua, ¿qué recursos tenemos? Pienso que podemos dejar marcas -tipo un shifter cultural (shifter, un concepto de Lacan que indica, en una frase, el lugar desde el que se habla)-. La más sencilla es el desdoblamiento o sea, niñas y niños, varones y mujeres (leí en algún lado que no hay nada más democrático que el uso de la letra i griega o ye), claro, que en un libro de 300 páginas, regularía su uso porque al lector puede resultarle agotador, pero sí tendría en cuenta el orden. También podemos usar los recursos que ofrece el idioma, sobre todo el español que es tan rico, como el relativo o la paráfrasis. Sería utilizar conscientemente la lengua.

En uno de mis talleres de escritura hay nueve mujeres y un varón, y debo decir que, cuando me dirijo al conjunto, cada vez me resulta más incómodo usar el genérico masculino. Me escucho diciendo frases como “chicas y chico” o “bancate, Juan, que use el femenino” y así. Reflexionando sobre este hecho concluyo que si me pasa a mí, también le pasa a quienes (otras y otros) como yo están atentos a este tema; entonces es posible vislumbrar que, poco a poco, sin darnos cuenta se llegará a consensos, por ejemplo, del uso del genérico femenino; y, sin duda, otras formas que irán surgiendo hasta que un día ya no sea necesario recurrir a artificios en la lengua para vernos representadas.

Al fin, puedo hacer una propuesta a las co autoras de este libro: en los textos colectivos, utilizar los recursos de la lengua y dejar marcas como llamado de atención, mientras que en los textos personales (los firmados) elegir con libertad el lenguaje con el que cada una se sienta representada.

PD: Dejo registro, para no olvidarla, una escena mínima que recordó mi amiga María Ester cuando le di a leer este texto; la contaba nuestro amigo Falucho Luna, único varón con muchas hermanas: “cuando de niños iban a buscarnos a la escuela la maestra llamaba “¡chiquitas de Luna! “, y salíamos todas.”  Él inclusive y no parecía molesto con eso, todo lo contrario, lo contaba con una sonrisa.

Las mil y una Alejandrinas de Alejandrina Morelli

Alejandrina Morelli

Nunca un título tan bien puesto –La mil y una Alejandrinas– porque su libro nos muestra a cada una de ellas: la sensible, la práctica, la ingenua y no tanto, la quejosa, la lectora, la linda y alta, pero también la fea y bajita, la crítica, la que se pregunta, la puede triturar como una licuadora, la nostálgica, la que ama y quiere ser amada, la curiosa, la que no sabe todo, la generosa, también la que odia pero es capaz de buscar un artilugio para no dañar a nadie, la que puede meterse en el alma de un perro o enredarse con las cables de la tecnología en un nido calentito.

Alejandrina escribe como habla y como es: una simpática arrebatada que no se guarda nada; que no puede estar peinada porque se revuelve la cabeza con las manos, así como revuelve su alma con preguntas en busca de su verdad. Pero Alejandrina no nos habla de ella porque sí, lo que busca es mostrarnos la realidad que nos rodea y de la que no nos percatamos hasta que alguien le pone palabras.

“Pinta tu aldea y nos pintarás el mundo”, dijo Tolstoi, bueno, podríamos decir que Alejandrina al pintar su vida, su casa, su barrio, su pueblo –Maldonado–, nos está mostrando el mundo. El plus del libro es el humor con el que está escrito y otro plus –en este caso hablo como nic de este lado del Río de la Plata–, es que ella sea una argentina-uruguaya porque tiene una mirada, mezcla de tango con candombe, muy singular.

Escuchemos su voz en el relato que da nombre al libro:

¿Cuántas veces nací, cuántas vidas estoy viviendo al mismo tiempo sin darme cuenta, cuántas viví y mantengo en el olvido? Seguro que cientos o miles, porque nadie me asegura que haya una sola dimensión del tiempo, más bien yo creo que hay varias, como espacios superpuestos, en los que viven sus vidas las diferentes mujeres que no pudieron ser y sin embargo siguen llevando mi nombre. Cada vez que entro en un tema me doy cuenta que hay una Alejandrina que se quedó enredada en un pliegue del pasado, con un posible destino para el cual estaba preparada, para el cual estaba todo previsto, y sin embargo por “h” o por “b” se desdibujó con el tiempo y se perdió para siempre en el olvido.

La imagen de la equilibrista en la tapa está lograda y también la contraportada con un dibujo del inolvidable Fontanarrosa.

El poder de la palabra escrita. El viaje empezó hace 15 años.

Hace años empecé a reunir a personas que quisieran escribir la historia familiar o sobre sus experiencias de vida. No había talleres de escritura autobiográfica en el país. La idea surgió cuando regresé a la Argentina después de vivir en España tras la crisis del año 2001. Escribir un diario personal me ayudó a sobrellevar la lejanía, el desconcierto de esa época y a retomar las riendas de mi vida. En el 2004 presenté el escrito a un concurso en Australia y fue premiado. Ese resultado, mis libros con fuerte contenido autobiográfico y el hecho de que escribir me ayudaba a sentirme mejor, me llevó a pensar que había una experiencia que podría brindar a otros, y así surgió el primer taller. Una nota de La Nación convocó a muchas personas y formé los tres grupos de autores que perduran hasta hoy. Había una necesidad.

Y empezó una historia que cambió mi vida y que no deja de sorprenderme gratamente porque, desde entonces, me acompañan mujeres y varones con quienes compartimos el gusto por los libros y la escritura. Una gran mayoría llevamos más de 10 años juntos, algunos desde el 2005. En este tiempo hemos escrito mucho y rescatado historias que de otra manera se habrían perdido. Nunca imaginé tan valioso recorrido cuando con mucha inseguridad organicé hace quince años la primera reunión con amigos y amigos de mis amigos.  

Un gato callejero llamado Bob

El gato Bob

Bob es un gato amarillo grandote, James Bowen lo lleva sobre su hombro cuando camina por las calles de Londres. En los días fríos Bob suele lucir una bufanda. Las tiene de todos colores. Se las regalan los turistas que conocen su historia.

James Bowen no escribiría libros si no fuera por su gato Bob. No hubiera podido recuperar su familia ni dedicaría tiempo a ayudar a organizaciones como la Fundación Big Issue, el periódico de las personas sin hogar del Reino Unido, Escocia e Irlanda, que trabajan por los animales, y de La Cruz Azul (Blue Cross), una entidad benéfica que se ocupa de los animales que no tienen acceso veterinaria privadas y da ayuda a gatos y perros.

 Antes de encontrarse con un gato herido en la puerta del alojamiento que la seguridad social le había otorgado James intentaba dejar la heroína que lo había hundido en las sombras. Para mantenerse tocaba la guitarra en la calle con eso conseguía algunas pocas monedas cada día.  Cuando encontró el gato herido y maltrecho usó el poco dinero que tenía para curarlo, cuando estuvo bien lo instó a recuperar su libertad pero el gato no quiso, es más empezó a seguirlo por las calles de Londres, incluso subió autobús número 73 que tomaba James para llegar a Covent Garden y Piccadilly Circus donde tocaba la guitarra.  

Por primera vez James se hacía cargo de alguien vivo y ocurrió algo mágico. James dejó de ser invisible gracias a Bob que se quedaba a sus pies mientras tocaba la guitarra y encontró la fuerza para dejar la heroína. 

Imágenes de ambos empezaron a circular por las redes y personas de distintas partes del mundo recorrían las calles de Londres para verlos. Llegó la propuesta de una editora y también la de hacer una película en la que actúa el mismísimo Bob que se puede ver en YouTube.

Desde su publicación Un gato callejero llamado Bob  ha vendido más de un millón de ejemplares, ha sido traducido a 30 idiomas. A la fecha hay siete nuevos libros.  

¿Qué me atrapó? Está escrito en primera persona con lenguaje sencillo, directo y se percibe la honestidad del autor con lo que narra. Podemos reconocer las tres líneas sinuosas que hay en la biografía de todo humano: lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser y lo que es. El escritor Garry Jenkins acompañó muy bien en el proceso de la escritura.

En Un gato callejero llamado Bob podremos descubrir la refinada personalidad del gato, disfrutar de los diálogos que Bowen mantiene con él, pero en una historia no pueden faltar los conflictos: la lucha por dejar la metadona, las amenazas de patoteros, el trato de la policía, la envidia de otros habitantes de la calle.

Mi gato Morris

Conocer de primera mano el submundo de la calle es un plus del libro.  A través de James podemos sentir la vulnerabilidad de un ser humano que se ve obligado a vivir o trabajar en la calle, las injusticias, la permanente amenaza.

No dejes de leerlo, de mirar los videos y las fotos que suben personas de todo el mundo. 

Hace poquito murió el gato Bob

Tuve un gato llamado Morris. Era igualito a Bob y también me ayudó a vivir.

El abecedario y la autobiografía

Carlos Fuentes es un escritor mexicano, tal vez el más famoso de su país, autor de novelas, ensayos y cuentos. De toda su obra se puede aprender mucho porque era un creador de recursos literarios. De toda su larga obra solo citaré dos de ficción: una novela corta Aura porque es inquietante y además un ejemplo de literatura fantástica y Todas las familias felices porque son relatos de familia.

Autobiográficos tiene dos: Myself with others, no está editado en castellano,reúne ensayos sobre los temas de su obra: la autobiografía, el amor por la literatura, la política. El otro es En esto creo de la A a la Z.

Esta original autobiografía se estructura como un diccionario de la vida. Quienes quieren escribir sobre su propia vida esta es una forma sencilla de organizar los recuerdos. El libro de Fuentes tiene cuarenta y un temas o capítulos. A través del recorrido por los títulos se puede entrever un contenido que nos habla de los grandes temas de la existencia y sus intereses personales que por cierto eran diversos: Amor – Balzac – Belleza – Buñuel – Celos – Cine – Dios – Educación – Experiencia – Familia – Faulkner – Globalización – Hijos – Historia – Iberoamérica – Izquierda – Jesús – Kafka –Lectura – Libertad – México – Muerte – Mujeres – Novela – Odisea – Política – Quijote – Revolución – Sexo – Shakespeare – Silvia – Sociedad Civil – Tiempo – Urbes, Ubres – Velázquez – Wittgenstein – Xenofobia – Zúrich.

¿Si Fuentes usó esta estructura por qué no hacerlo nosotros?

El primero en utilizar el orden del ‘diccionario’ para un libro fue Voltaire en su Diccionario filosófico. Este tipo de organización es considerado casi en género en sí mismo. La obra se presenta siguiendo la lógica del orden alfabético con textos que cierran en cada capítulo o sea como una serie de TV son capítulos “unitarios” y no requiere una lectura seguida porque no hay continuidad en el tiempo.

El diccionario se usa para cualquier tipo de libro, en temáticos como Conceptos claves de gramática, lingüística y literatura de María Merin y mucho en biografías como la del corredor de autos Antonio Zanini  de la A a la Z del periodista Esteban Delgado, Todo sobre Gregory Peck de la A la Z de Jaime Noguera Martín y la Cortázar de la A  la Z de Aurora Bermúdez (un libro magnífico por su contenido y como objeto libro que deberías tener en tu biblioteca).

Cómo elegir la tapa de un libro. La encuesta: una práctica novedosa

Hace unos días realicé una encuesta con el fin de pedir ayuda para decidir qué tapa seleccionar para un nuevo libro que quiero publicar. La iniciativa fue consecuencia de los ventarrones de cambio que hay en las prácticas de la edición de libros. Lo quise hacer primero en uno propio antes de embarcar en esta experiencia a los autores que aconsejo.  

La consulta se realizó por correo a un listado de 400 personas, además de Facebook, Instagram y en ronda de opiniones en los talleres que coordino. En ella exponía las dos portadas y pedía que se explicara el porqué de la elección. Recibí alrededor de 100 devoluciones.

No fue un resultado categórico, si bien una de ellas recibió más votos. Pero fueron los fundamentos por los que se elegía lo que me llevó a decidir un cambio. Paso a contar.

Las tapas en cuestión son para el libro Grandes escritores. Cómo cuentas sus vidas. El subtítulo es sumamente explicativo del contenido. El diseño fue hecho por Ojo en foco films, una pyme que se dedica a medios audiovisuales y que pertenece a mi hija y a su marido.

Una de las tapas, como se puede ver, es con un fondo de libros abiertos y la otra es una foto de niños, que fue cedida para ese fin. La idea era simple: mostrar que alguna vez los grandes escritores fueron niños. Esta fue la más votada.

Entre las respuestas me llamaron la atención unas pocas respuestas que elegían la de los libros abiertas por oposición con el argumento que los niños parecían tristes o les recordaban a niños de la Segunda Guerra. Pero ocurrió algo que ni los diseñadores ni yo imaginamos que podría pasar: casi todos pensaron que esos niños eran los escritores de niños. Cuando tuve la oportunidad de aclararlo, las reacciones fueron de desilusión y no faltó quien dijo que era un engaño. A otros no les importó. La volverían a elegir.

Finalmente decidí elegir la de las niños pero con un montaje con las imágenes reales de los autores cuando eran niños. Este juego me permitió incluir mi propia imagen de niña, de incógnito, entre ellos.

En fin, una experiencia inimaginable tan solo unos pocos años atrás.