Las mil y una Alejandrinas de Alejandrina Morelli

Alejandrina Morelli

Nunca un título tan bien puesto –La mil y una Alejandrinas– porque su libro nos muestra a cada una de ellas: la sensible, la práctica, la ingenua y no tanto, la quejosa, la lectora, la linda y alta, pero también la fea y bajita, la crítica, la que se pregunta, la puede triturar como una licuadora, la nostálgica, la que ama y quiere ser amada, la curiosa, la que no sabe todo, la generosa, también la que odia pero es capaz de buscar un artilugio para no dañar a nadie, la que puede meterse en el alma de un perro o enredarse con las cables de la tecnología en un nido calentito.

Alejandrina escribe como habla y como es: una simpática arrebatada que no se guarda nada; que no puede estar peinada porque se revuelve la cabeza con las manos, así como revuelve su alma con preguntas en busca de su verdad. Pero Alejandrina no nos habla de ella porque sí, lo que busca es mostrarnos la realidad que nos rodea y de la que no nos percatamos hasta que alguien le pone palabras.

“Pinta tu aldea y nos pintarás el mundo”, dijo Tolstoi, bueno, podríamos decir que Alejandrina al pintar su vida, su casa, su barrio, su pueblo –Maldonado–, nos está mostrando el mundo. El plus del libro es el humor con el que está escrito y otro plus –en este caso hablo como nic de este lado del Río de la Plata–, es que ella sea una argentina-uruguaya porque tiene una mirada, mezcla de tango con candombe, muy singular.

Escuchemos su voz en el relato que da nombre al libro:

¿Cuántas veces nací, cuántas vidas estoy viviendo al mismo tiempo sin darme cuenta, cuántas viví y mantengo en el olvido? Seguro que cientos o miles, porque nadie me asegura que haya una sola dimensión del tiempo, más bien yo creo que hay varias, como espacios superpuestos, en los que viven sus vidas las diferentes mujeres que no pudieron ser y sin embargo siguen llevando mi nombre. Cada vez que entro en un tema me doy cuenta que hay una Alejandrina que se quedó enredada en un pliegue del pasado, con un posible destino para el cual estaba preparada, para el cual estaba todo previsto, y sin embargo por “h” o por “b” se desdibujó con el tiempo y se perdió para siempre en el olvido.

La imagen de la equilibrista en la tapa está lograda y también la contraportada con un dibujo del inolvidable Fontanarrosa.

El poder de la palabra escrita. El viaje empezó hace 15 años.

Hace años empecé a reunir a personas que quisieran escribir la historia familiar o sobre sus experiencias de vida. No había talleres de escritura autobiográfica en el país. La idea surgió cuando regresé a la Argentina después de vivir en España tras la crisis del año 2001. Escribir un diario personal me ayudó a sobrellevar la lejanía, el desconcierto de esa época y a retomar las riendas de mi vida. En el 2004 presenté el escrito a un concurso en Australia y fue premiado. Ese resultado, mis libros con fuerte contenido autobiográfico y el hecho de que escribir me ayudaba a sentirme mejor, me llevó a pensar que había una experiencia que podría brindar a otros, y así surgió el primer taller. Una nota de La Nación convocó a muchas personas y formé los tres grupos de autores que perduran hasta hoy. Había una necesidad.

Y empezó una historia que cambió mi vida y que no deja de sorprenderme gratamente porque, desde entonces, me acompañan mujeres y varones con quienes compartimos el gusto por los libros y la escritura. Una gran mayoría llevamos más de 10 años juntos, algunos desde el 2005. En este tiempo hemos escrito mucho y rescatado historias que de otra manera se habrían perdido. Nunca imaginé tan valioso recorrido cuando con mucha inseguridad organicé hace quince años la primera reunión con amigos y amigos de mis amigos.  

Las memorias íntimas de George Simenon

«En mi novela todo es verdad pero nada es exacto». GS

Georges Simenon escribió su autobiografía, Memorias intimas, a mano en cuadernos de tapas amarillas, más de mil páginas. Una historia de novela de un personaje de novela. Una vida marcada por el desamor de su madre y por el exceso. Escribió cientos de novelas, 60 a 80 páginas diarias, seis novelas al año, una en sietes días, y tuvo sexo con 10.000 mujeres, lo dijo en una charla con Federico Fellini a propósito de la película Casanova que estaba filmando. Su enorme obra y su vida dieron lugar a innumerables reportajes, estudios académicos y también otras autobiografías: de su exmujer escribió dos, enmascaradas en novelas Un pájaro para el gato y El falo de oro, retrato íntimo de un hombre célebre y de su hijo Pierre De padre a padre.

En Memorias íntimas, Simenon recorre toda su vida de manera descarnada. Lo hace dos años después del suicidio de su única hija, Marie Jo, a los 25 años de un disparo al corazón

El libro comienza con una carta a esa hija en cuyo primer párrafo alude a problemas de tipo judicial planteados por la madre de Marie Jo de quien el escritor estaba separado desde hace varios años. Sigue con la descripción de cómo se entera del suicidio:

Marc y Mylène acudieron rápidamente a los Champs-Elysées y encontraron la puerta de tu apartamento cerrada por dentro. El portero no tenía duplicado de la llave, y hubo que llamar al comisario del barrio, que llegó inmediatamente y avisó a un cerrajero.

Tu apartamento estaba perfectamente ordenado y limpio, como si, antes de partir, hubieras procedido a una minuciosa limpieza, habiendo incluso lavado y planchado tu ropa interior y tus vestidos. Todo estaba en su sitio. Y tú yacías sobre la cama, con un pequeño agujero ensangrentado en el pecho.

¿De dónde procedía la pistola del veintidós de un solo tiro? ¿Quién había comprado las balas?

«Este libro no será el mío, sino el tuyo», dice Simenon al final de la carta a su hija que comprende el primer capítulo e inmediatamente después nos cuenta de su infancia, su juventud, la trayectoria literaria, sus viajes, las decenas de lugares en los que vivió, las personas que conoció, sus relaciones con las mujeres, con el cine, se detiene en pormenores del crecimiento de sus hijos y también de su época

A lo largo del libro utiliza la segunda persona para dirigirse Marc, Johnny, Pierre y Marie Jo, sus hijos. Habla con uno, a veces con otro y con todos. El relato transmite la sensación de que ellos están ahí escuchándolo. Son reiteradas las alusiones a los destinatarios, haciéndoles preguntas o imaginando las de ellos o lo que recuerdan. Suele terminar algunos de los capítulos con un “buenas noches”.

Simenon no esconde nada de su vida sexual ni de la convivencia con sus esposas y amantes ni tampoco detalles sobre la tormentosa relación con su segunda mujer, Denyse Ouimet, la madre de tres de sus hijos. No omite descripciones intimas de la sexualidad, los golpes que se daban uno al otro, los celos. Hay largos diálogos entre ellos de los buenos tiempos y de los que vienen después y cartas sobre todo de la etapa en que ella, ya separada, demanda enorme sumas de dinero amenazándolo con escribir sobre él.

Al final de Memorias intimas se transcriben las cartas que Simenon le escribió a la hija los días posteriores a esparcir sus cenizas en el jardín de su casa –que contienen “un poquito de oro mezclado”–, por el anillo que ella había pedido en la carta de despedida que no se le quitaran. Termina dándole la voz a esa hija, que a veces quería ser escritora, publicando sus textos, cartas, relatos, poemas, ordenados desde 1962 hasta 1978, el año de su muerte. Ese recorrido permite reconstruir el derrotero de una muchacha joven, hermosa, creativa, hacia la desesperación, aguijoneada por quien ella llama “doña Angustia”. Una hija quien desde pequeña expresó una devoción intensa hacia su padre a punto de pedirle, a los 8 años, un anillo de oro –de casamiento– que agrandará a lo largo de toda la vida.  Simenon explicita que no contará todo lo escrito por ella, lo grabado, ni las anotaciones que hizo en el libro Un pájaro para el gato que su madre acababa de publicar contando su versión del matrimonio con Simenon.

Lapublicación de Memorias íntimas provocará un nuevo libro de su exmujer El falo de oro, retrato íntimo de un hombre célebre, escrito con el seudónimo bajo seudónimo Odile Dessane, y una pelea en tribunales censurar esas memorias que terminará en a supresión de 31 líneas de las cuales 25 pertenecen a textos finales de Marie Jo. En el libro aparecerá con blancos y las palabras como “párrafo censurado”. Más tarde la prensa sabrá que, a la edad 11 años, Marie Jo había presenciado un hecho perturbador protagonizado por la madre. 

Es un fragmento del capítulo dedicado a George Siemenon de mi próximo libro Grandes escritores, qué y cómo escriben sobre sus vidas

Cómo conocí el taller de Virginia por Tuche Riesco

Escribir no era una tarea nueva para mí. Hacìa muchos años que trabajaba  redactando normas y manuales de procedimiento. Además asistíamos periódicamente a cursos de actualización que organizaba la empresa. 

Puse manos a la obra pensando que mi experiencia facilitaría la tarea. Pronto me di cuenta de que estaba equivocada. No cometía errores sintàcticos o gramaticales pero carecía de un estilo aceptable.

Busqué un taller literario para principiantes, encontré uno de jubilados. Un año después lo dejé. No era el adecuado. Asistí a otro y me pasó lo mismo. 

Pasó un tiempo y un día dije “¡Eureka!”. En la publicación mensual de la revista “Todo es Historia” encontré una gacetilla: informaba que en fecha próxima el taller de “Autobiografía e historias familiares” de Virginia Haurie iniciaría sus reuniones semanales.

Mis padres –inmigrantes– despertaron mi imaginación con leyendas de su “Tierruca” –la verde Asturias– y con las peripecias personales de los antepasados. Muchos años después la visité varias veces y en 1995 decidí escribir la historia familiar.

  Optimista –aunque temía el rechazo– envié un correo con mis antecedentes y falencias. La respuesta fue favorable: me invitó a asistir a una clase.

Había encontrado lo que buscaba. Además de la técnica tan necesaria, necesitaba, Virginia ofreció sin retaceos su asesoramiento y experiencia. La corrección de los trabajos de mis compañeras de grupo aportaron lo suyo, en especial los de Susana Facorro que estaba a punto de publicar su primer libro.  Pero Susana también me estimuló con su palabra  en los momentos de desaliento. Todavía lo hace. 

Virginia señaló un camino y continué escribiendo. En 2013 organizó una sorteo para editar una de nuestras historia. Lo gané y se publicó “El diario de Lina”, relato que registra mi primer trabajo como maestra rural.

  Pasaron los años y la artrosis me alejó de las reuniones semanales pero cuando Susana me avisa de la presentación de libros o de reuniones amistosas, asisto, me entero de las novedades y participo del ambiente de camaradería y dedicación como en aquel lejano día de 2006.

Testimonio de autora. Susy Facorro

Terminando mi tercer libro comencé a recordar el motivo por el cual comencé a escribir el primero. Mi mamá y Lisette , ma soeur, dibujaban y escribían cartas y cuentos que me hacían leer. Papá y yo tomábamos fotos y filmábamos. Aún guardo las máquinas, la pantalla para pasar lo filmado, cajas y valijas con fotos y películas. 

Cuando mi segunda hija Cecilia, maestra jardinera y psicopedagoga, se enfermó yo me dediqué a cuidarla durante el año en el que pasó por varias operaciones. Luego de su partida y nuestra profunda tristeza, empecé a pensar qué hacer con el vacío que sentía. Decidí contar mi vida para que mis descendientes conocieran a sus abuelos, padres y familia francesa.

Publicaciones de Susana J. Facorro

 En La Nación leí avisos de talleres literarios y me interesó el de la profesora – escritora. Virginia Haurieuna porque lo hacía en un lugar cercano a donde vivo en Belgrano y además tenía un apellido francés.  Llamé por teléfono para concretar el día para ir a su casa. Me recibió junto a los alumnos que estaban en ese momento en un taller. Todo agradable. Me entusiasmé y decidí inscribirme. Las reuniones que me resultaron profundas entretenidas e interesantes.  Participé en diferentes días y horarios durante varios años y luego seguí sola con ella para corregir mis libros.

Ahora estoy terminando el tercero y pensando un nuevo tema para el próximo que quiero escribir. Espero que Virginia, como siempre con su buen humor para enseñar y corregir, me siga aceptando a su lado.

Gracias, Virginia, amiga.

                                            Susy

La crack

El Crack-Up de Scott Fitzgerald, una colección de ensayos, cartas inéditas y apuntes autobiográficos.

(fragmento de Crack-Up)

Esto me llevó a pensar que los que sobrevivieron habían logrado algo así como una fuga total. Es éste un amplio término y no guarda relación con la fuga de una cárcel cuando se dirige uno con toda seguridad a otra cárcel, si es que no lo llevan de vuelta a la misma. “Evadirse” o “huir de todo” no es sino una excursión en una trampa, aunque la trampa implique los Mares del Sur, que sólo son para quienes quieren pintarlos o navegarlos. Una fuga total es algo de lo que no se puede retornar; que es irreparable porque hace que deje de existir el pasado (…).

Me sentía como esos hombres de ojos somnolientos que solía ver en el tren local de Great Neck quince años antes: hombres a quienes no les importaba que el mundo fuera a caer en el caos al día siguiente siempre que sus casas quedaran a salvo. (…)

Y una sonrisa, ah, tenía que adquirir una sonrisa. Todavía estoy trabajando en esa sonrisa. Es para combinar las mejores cualidades de un administrador de hotel, una vieja y experta comadreja social, un director de escuela en el día de visitas, un ascensorista negro, un marica poniéndose de perfil, un productor comprando materia prima a mitad de precio, una enfermera de experiencia empezando un nuevo trabajo, una modelo en su primer anuncio público, un extra esperanzado pasando cerca de la cámara, una bailarina de ballet con el dedo de un pie infectado y, por supuesto, el gran rayo de amorosa bondad común a todos aquellos que desde Washington a Beverly Hills tienen que existir en virtud de la mueca.

La metáfora erotiza la escritura

Esta afirmación pertenece al filósofo coreano Byung-Chul Han del libro La salvación de lo bello. Destaca que lo pulido, lo liso, lo impecable, son la seña de identidad de nuestra época y pone como ejemplo las esculturas de Jeff Koons, las depilaciones completas de hombres y mujeres, los diseño de los teléfonos. ¿Por qué hoy en día gusta tanto «lo pulido»?, se pregunta Han. Porque no daña, es fácil, no ofrece resistencia.

En lo relativo a la escritura dice también que lo que predomina es la suma de datos en detrimento de las narraciones, y destaca la metáfora porque establece un diálogo entre las cosas. Para Han la tarea del escritor es poetizar las cosas para descubrir las relaciones amorosas que están ocultas en ellas.

Las metáforas enriquecen la forma en la que nos expresamos. Es una palabra que viene del griego y significa “más allá o “transferir”. Una metáfora traslada el significado de un concepto a otro. Hace un uso figurado del lenguaje y en ese sentido, motiva la lectura activa porque pide al lector que la interprete de la manera que quiera. Los argentinos solemos usarlas mucho en el lenguaje cotidiano “ponete las pilas”, “me iría volando”, “me rompés el corazón”.

En síntesis: hay un término real y otro imaginario. El primero es el que se está haciendo referencia y el segundo es el que ocupa el lugar del primero. Ambos comparten alguna similitud o aproximación de significado.

Santiago Moll, autor de un blog educativo premiado, tiene un cuadro que ayuda a entender la diferencia entre metáfora, comparación e imagen.

Metafora-erotiza-escritura
Figuras retóricas en la escritura

A la hora de querer usar metáforas es aconsejable no recurrir a las que ya están gastadas como chancleta usada. Dijo Salvador Dalí, “El primer hombre en comparar las mejillas de una joven a una rosa fue obviamente un poeta, el primero en repetirlo fue posiblemente un idiota”. Por último, ¿cómo crear metáforas?

Recuerdo a un escritor que decía “yo miro, miro, miro las nubes  hasta que algo se me ocurre”. Cada quien tiene un sistema, el más común es enumerar o describir todas las características de lo que pretendemos metaforizar y después asociar libremente. Hay un juego que es llenar de sustantivos una bolsa y después sacar uno y pensar cómo se conectaría con lo que quiero convertir en metáfora. Claro está que no siempre funciona, pero muchas veces resulta algo bomba.  

Sukkwan Island. David Vann, un hallazgo

Cuando David Vann decidió escribir sobre su padre, la familia lo apoyó, menos la abuela que lloró tres días seguidos, le reprochó que no respetara la memoria del padre y le aconsejó acercarse a Jesús. Después ella leyó el libro y lo agradeció porque le había permitido comprender qué le había pasado a su hijo y entendió que David había intentado resucitarlo y eso era una muestra de respeto.

Una de las portada del libro .

Este escritor de sonrisa abierta nació en 1962 en Adak, Alaska, una isla de unos doscientos habitantes, pero su infancia trascurrió en el pueblo Ketchikan que tiene alrededor de 8.000. En su niñez salía a pescar salmones y cazar ciervos con su padre. Durante esa vida aventurera en la que muchas veces corrieron peligro de muerte aprendió a curtir pieles,  limpiar pescado y cortar leña. A pesar de la persistente sensación de que algo acechaba cada vez que se internaba en los bosques, sus recuerdos de infancia en esa Alaska mítica son maravillosos. Imposible olvidar, por ejemplo, los cientos de salmones en derredor del barco al entrar en una bahía o el cielo rojo de los atardeceres, y el verde por encima antes de volverse azul.

Pero un día todo cambió. Los padres se separaron y David se fue a vivir a California con su madre y su hermana. Tenía ya 13 años cuando su padre divorciado dos veces a causa de su infidelidad, lo llamó para proponerle pasar un año juntos en una cabaña en Alaska. La respuesta fue no. Dos semanas después, el padre se pegó un tiro.

Siguieron 20 años de culpa, vergüenza, enojo en los que David Vann apenas dormía y en los que se sintió condenado a repetir lo que su padre había hecho, pensando que en algún momento de debilidad él estaría ahí, esperándolo.

No nació en una familia sencilla. En ella hay una historia de violencia, varios suicidios e incluso un asesinato. Vale contar que después de la muerte del padre, Vann recibió de regalo todas las armas del padre, incluso el rifle para matar osos con el que se había suicidado. El hecho fue espeluznante. El hombre se mató mientras hablaba por teléfono con su segunda mujer (madrastra de Vann). Antes de matarse le dijo: «Te quiero pero no voy a vivir sin ti». No le importó que la madre de esa mujer también se hubiera suicidado después de pegarle un tiro al marido por serle infiel.

David Vann tenía 19 años cuando recurrió a la escritura. ¿Qué hubiera pasado si él hubiera dicho que sí? Terminar la novela le llevó diez años y doce en venderla. Lo que escribió los primeros años lo tiró a la basura, no podía salir de la escena cuando supo de la muerte. Era una narración cargada de emoción en las que todos lloraban. Pensar cómo hacerlo fue un largo proceso. La escritura tiene que trasformar la experiencia y convertirla en algo que sea interesante de ser leído, ha dicho David Vann. Cuando supo cómo, le llevó 17 días escribir la mitad del libro.

El argumento trata de un hombre depresivo y desesperanzado, con dos divorcios a causa de sus infidelidades, que siente la urgente necesidad de romper con el pasado y empezar de nuevo. Pero no se atreve a hacerlo solo y recurre a su hijo de 13 años. Le propone pasar juntos un año en una cabaña solitaria que ha comprado en una isla de Alaska. El hijo acepta, sin demasiado entusiasmo, por afecto. Los personajes son reales así como las circunstancias que motivan el viaje, solo que en la ficción el  hijo dice: sí.

Los hechos narrados ocurren en la isla Sukkwan, ubicada a menos de 100 kilómetros de la isla en donde Vann pasó la infancia. Nunca había estado allí y la eligió a propósito para que no lo entorpecieran los recuerdos de los lugares donde había estado su padre.

La llegada a la isla es en avión, el único contacto que tendrán con el exterior cada tanto. Son los únicos habitantes del lugar. La cabaña que los espera es bastante precaria y deberán trabajar duro, sin las herramientas adecuadas, para prepararse a pasar el invierno. A lo largo del relato el padre sufre mucho y no piensa con claridad. Lo atormentan sus pesares, sus matrimonios fracasados, el fisco, y no parece registrar la presencia del hijo. El muchacho se siente sometido a mucha presión por la debilidad y el carácter depresivo del padre e incluso se verá obligado a tener que cuidar de él.

Editorial Noma de Barcelona editó un comic Sukkwand Island.
Autor Ugo Bienvenu

La descripción de la cotidianeidad en el ambiente salvaje de ese lugar de Alaska es extraordinaria (a un lector ansioso le puede resultar redundante), pero está allí al servicio de lo que el autor quiere trasmitir. La incomodidad de la cabaña unido a la furia del clima llama a agradecer sentir el cobijo de una cama caliente y qué decir de la sensación de hambre que provoca la frugalidad a la que se ven sometidos los personajes.

Alaska es el tercer protagonista de esta historia, los olores, la fauna, la flora, las variantes del frío, están sumamente descritas. El paisaje se entremete y nos cuenta cómo son los personajes. Mientras el malestar y la incomunicación entre padre e hijo crece, la amenaza del afuera empeora hasta límites insoportables y refuerza el miedo que ellos sienten (también, el lector). El autor reconoce que aprendió de Cormac McCarthy (a quien leía mientras escribía) que los pensamientos y sentimientos de los personajes se expresen través del paisaje, sobre todo en la novela Meridiano de sangre. Vann logra ese efecto con estilo propio.

Es imposible no preocuparse y sufrir por ese adolescente, solo con  un hombre tan poco confiable, en una isla inhóspita alejado de todo, y mucho desagrado por la figura del padre. Pero el autor ha dicho que su intención fue la de lograr que el lector sienta empatía por su padre, que pudiera acercarse a la desesperación que sentía, para comprender cómo pensaba. Vann cree que eso es posible. Aunque si lo razono me parece increíble, por segundos, me pasó.

No voy a hablar más del argumento. En un reportaje, realizado por Página dos de España, se le pregunta si el libro Sukkwan Island fue una escritura terapéutica. Su repuesta me pareció digna de ser tenida en cuenta por todos aquellos que buscan en la escritura una manera de sanar su pasado. Dijo: “la escritura y la terapia tienen que ver con la verdad, pero solo la escritura incluye belleza. Los libros son mucho más y espero que mi libro sea mucho más que terapia”.

Un suicidio es como una conversación interrumpida, dijo también  Vann, y en ese sentido su libro fue, en cierta forma, una carta a su padre para decirle que lo amaba. En ese sentido no niega que para él fue muy terapéutico intentar entender a su padre por diez años, pero recién un año después encontró el significado de lo que había escrito.

La novela, como ya dije, tiene tres protagonistas y está dividido en dos partes. No hay mucho diálogo y estos no están marcados por el signo convencional de la raya. En la primera parte se utiliza el narrador interno del joven, en la segunda parte, la del padre. Prestar atención que a poco de empezar esta última el personaje del padre utiliza una shockeante primera del plural que muestra el arte del escritor para manejar las emociones humanas.

La ficción es redentora porque se puede cambiar el pasado, dice Vann, y yo no pude dejar de asociarlo con Alfred y Emily, el libro que Doris Lessig escribió sobre sus padres y su infancia. Ella imagina cómo habría sido la vida de sus padres si la primera Guerra Mundial que les arruinó la vida no hubiera ocurrido.

Sukkwan Island, una novela escalofriante, sorprendente e imprevisible, que a veces llega al límite de lo desagradable, le permitió a David Vann ajustar cuentas con el fantasma de su padre. Así pudo superar 15 años de insomnio, también la vergüenza y el enojo que lo envolvió por dos décadas, pero sobre todo logró lo que solo permite la literatura: que su padre vuelva a la vida.  

Vann siguió escribiendo novelas. La última es Acuario y es la primera que se aleja de sus fantasmas familiares y de los helados paisajes de Alaska. Los comentarios dicen que el libro navega entre el cuento de hadas y la tragedia griega. Muero por leerla.

David Vann, un hallazgo que no hay que soltar.

De qué trata esto

En este espacio podrás encontrar comentarios sobre libros del género autobiográficos que te pueden ayudar a escribir tu historia personal.  En cada caso busco hacer una radiografía  para analizar el punto de vista, el lenguaje, los recursos.

También te hablaré sobre técnicas y herramientas que facilitan la escritura y sobre novedades del mundo de los libros, poniendo siempre el foco en los géneros del yo.