Cómo elegir la tapa de un libro. La encuesta: una práctica novedosa

Hace unos días realicé una encuesta con el fin de pedir ayuda para decidir qué tapa seleccionar para un nuevo libro que quiero publicar. La iniciativa fue consecuencia de los ventarrones de cambio que hay en las prácticas de la edición de libros. Lo quise hacer primero en uno propio antes de embarcar en esta experiencia a los autores que aconsejo.  

La consulta se realizó por correo a un listado de 400 personas, además de Facebook, Instagram y en ronda de opiniones en los talleres que coordino. En ella exponía las dos portadas y pedía que se explicara el porqué de la elección. Recibí alrededor de 100 devoluciones.

No fue un resultado categórico, si bien una de ellas recibió más votos. Pero fueron los fundamentos por los que se elegía lo que me llevó a decidir un cambio. Paso a contar.

Las tapas en cuestión son para el libro Grandes escritores. Cómo cuentas sus vidas. El subtítulo es sumamente explicativo del contenido. El diseño fue hecho por Ojo en foco films, una pyme que se dedica a medios audiovisuales y que pertenece a mi hija y a su marido.

Una de las tapas, como se puede ver, es con un fondo de libros abiertos y la otra es una foto de niños, que fue cedida para ese fin. La idea era simple: mostrar que alguna vez los grandes escritores fueron niños. Esta fue la más votada.

Entre las respuestas me llamaron la atención unas pocas respuestas que elegían la de los libros abiertas por oposición con el argumento que los niños parecían tristes o les recordaban a niños de la Segunda Guerra. Pero ocurrió algo que ni los diseñadores ni yo imaginamos que podría pasar: casi todos pensaron que esos niños eran los escritores de niños. Cuando tuve la oportunidad de aclararlo, las reacciones fueron de desilusión y no faltó quien dijo que era un engaño. A otros no les importó. La volverían a elegir.

Finalmente decidí elegir la de las niños pero con un montaje con las imágenes reales de los autores cuando eran niños. Este juego me permitió incluir mi propia imagen de niña, de incógnito, entre ellos.

En fin, una experiencia inimaginable tan solo unos pocos años atrás.

Volumen XIII de la Colección autobiografía, historia familiar y autoficción

A veces llenamos tanto la valija que tenemos que hacer fuerza para cerrarla y después, durante el viaje, se rompe el cierre. También puede suceder que, en alguna parada, perdamos algo de su contenido o se ensucie porque no tapamos bien el frasco de crema y lo cierto es que siempre llevamos más de lo necesario y que olvidamos algo imprescindible como esa lima de uñas sin la cual es imposible vivir.
No podemos pensar un viaje sin valija y entraremos en pánico con solo imaginarla perdida en el agujero negro de algún aeropuerto. Es un peso que acarreamos sin cuestionar porque la valija da seguridad.
Comenzamos este volumen, el N° XIII de nuestra Colección, con una invitación a pensar cómo son las valijas que llevamos en nuestro viaje por la vida.
Los textos seleccionados por los autores para esta antología están inspirados en experiencias vividas y en algunos casos imaginadas; otros han sido motivados a partir de las lecturas de escritores como Natalia Ginzburg, David Vann, Scott Fitzgerald, Annie Ernaux, Svetlana Alexievich, Isak Dinesen, Manuel Puig y Silvina Ocampo.
Como siempre esperamos que sean de tu agrado.
Virginia Haurie
1
Baja del barco con su boina vasca encasquetada hasta los ojos y una abultada valija que se hinca contra dos gruesas correas que la mantienen cerrada. Sin soltarla, apretada contra su pecho, se arrodilla y besa la tierra.
Marta Fingueret
2
Cuando abrió la puerta y la voluminosa valija con la punta de una corbata asomando por el cierre se interpuso a su paso, Gonzalo supo que esa ya no sería su casa.
Eliana Mutio (…)


El libro digital es infinito

Un mar de libros en los galpones de Amazon
Un mar de libros en los galpones de Amazon

¡Guau! No lo había pensado. Todavía me resulta rara la idea de que ocurre todo un mundo dentro de lo virtual. Claro, imaginar lo virtual es pensar en un espacio donde hay una realidad paralela que también es infinita. Allí hay miles de millones de videos, documentos, fotos, mensajes, tuits, correos, búsquedas, intercambios de Tinder, música y, por supuesto, libros. El hecho de que no ocupen un lugar físico no hace que todo esto sea menos real.

 Un libro digital (contenido dentro de la jerga) es infinito, no se agota nunca. Puede distribuirse a todas partes del mundo al mismo tiempo y bajo el mismo costo (o casi). Puede incluir más que texto e imágenes. La lectura puede ser independiente del dispositivo. Permite no solo realizar una lectura pasiva sino también interactuar y compartir. Puede actualizarse (es dinámico) y además es personalizado: se puede adaptar a cada lector

Lo dijo Daniel Benchimol en un curso sobre edición digital que tomé hace unos días y, de paso,  a quien quiero agradecer la generosidad de habernos brindado sus conocimientos sin reservas. No es común. Además, como suele suceder con las personas apasionadas, era atractivo escucharlo. Las jornadas de tres horas pasaban volando.

Pero volvamos al libro digital, por supuesto que prefiero el libro papel, sin embargo el digital es bienvenido a mi mundo. Gracias a él puedo leer autores que de otra manera jamás hubiera tenido a mi alcance, porque ya no se editan, porque estamos en el fin del mundo y muchos no llegan hasta la Argentina, porque puedo llevar en mi cartera, dentro de un lector digital, cientos de libros y, sobre todo, porque puedo comprar el que deseo, tenerlo al instante en cualquier el lugar y momento. Por cierto,  siempre y cuando haya conexión a internet.

Curiosamente se escriben más libros que nunca y se leen menos libros que nunca. Al 47% de los argentinos, por ejemplo, no le interesa la lectura. YouTube, Facebook y sobre todo Netflix no solo son culpables de que las parejas hagan menos el amor; también, de que leamos menos. Yo lo he constatado en mis talleres. Por eso he adoptado la decisión de enviar links de audiolibros, audiocuentos o videos literarios porque se pueden escuchar mientras uno maneja, se baña, cocina o viaja… sin embargo mis autores no dejan de escribir. ¡Qué paradoja la de este tiempo!

Libros digitales hay de diferentes formatos: el más simple y limitado es el PDF que pertenece a Adobe, el Mobi es propio de Kindle Amazon, iBook de Apple, el ePub es libre y puede leerse al igual que el PDF en todos los dispositivos menos en los lectores de Kindle. (Continuará…)