La metáfora erotiza la escritura

Esta afirmación pertenece al filósofo coreano Byung-Chul Han del libro La salvación de lo bello. Destaca que lo pulido, lo liso, lo impecable, son la seña de identidad de nuestra época y pone como ejemplo las esculturas de Jeff Koons, las depilaciones completas de hombres y mujeres, los diseño de los teléfonos. ¿Por qué hoy en día gusta tanto «lo pulido»?, se pregunta Han. Porque no daña, es fácil, no ofrece resistencia.

En lo relativo a la escritura dice también que lo que predomina es la suma de datos en detrimento de las narraciones, y destaca la metáfora porque establece un diálogo entre las cosas. Para Han la tarea del escritor es poetizar las cosas para descubrir las relaciones amorosas que están ocultas en ellas.

Las metáforas enriquecen la forma en la que nos expresamos. Es una palabra que viene del griego y significa “más allá o “transferir”. Una metáfora traslada el significado de un concepto a otro. Hace un uso figurado del lenguaje y en ese sentido, motiva la lectura activa porque pide al lector que la interprete de la manera que quiera. Los argentinos solemos usarlas mucho en el lenguaje cotidiano “ponete las pilas”, “me iría volando”, “me rompés el corazón”.

En síntesis: hay un término real y otro imaginario. El primero es el que se está haciendo referencia y el segundo es el que ocupa el lugar del primero. Ambos comparten alguna similitud o aproximación de significado.

Santiago Moll, autor de un blog educativo premiado, tiene un cuadro que ayuda a entender la diferencia entre metáfora, comparación e imagen.

Metafora-erotiza-escritura
Figuras retóricas en la escritura

A la hora de querer usar metáforas es aconsejable no recurrir a las que ya están gastadas como chancleta usada. Dijo Salvador Dalí, “El primer hombre en comparar las mejillas de una joven a una rosa fue obviamente un poeta, el primero en repetirlo fue posiblemente un idiota”. Por último, ¿cómo crear metáforas?

Recuerdo a un escritor que decía “yo miro, miro, miro las nubes  hasta que algo se me ocurre”. Cada quien tiene un sistema, el más común es enumerar o describir todas las características de lo que pretendemos metaforizar y después asociar libremente. Hay un juego que es llenar de sustantivos una bolsa y después sacar uno y pensar cómo se conectaría con lo que quiero convertir en metáfora. Claro está que no siempre funciona, pero muchas veces resulta algo bomba.  

Corregir con ayuda de la Web

Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.
Simone de Beauvoir

Al fin ponemos un punto final a nuestra historia. Sin embargo, no hemos terminado porque hay que corregir. Lo ideal es guardar el borrador un tiempo. Si lo que tenemos en nuestras manos es un libro, tratemos de vencer el impulso de mandárselo a algún editor interesado (si la intención es publicar) hasta tener los ojos frescos para empezar otra fase importante de la escritura que es la corrección. No todos los autores esperan terminar el libro para corregir y lo hacen a medida que avanzan, pero igual es necesario hacer una nueva revisión al finalizarlo.

Los muy obsesivos, deben saber que una corrección reduce los errores, pero no los elimina totalmente. Pensar un libro libre de errores es una fantasía. La corrección no significa ir en contra de la espontaneidad y la frescura de un texto y va más allá de revisar la ortografía, afinar una frase, quitar palabras o una oración aquí y allá o perfeccionar una metáfora. La corrección hay que pensarla como la oportunidad de contestarse qué es lo que uno quiso decir a través de lo escrito. Samanta Schweblin, una joven escritora argentina, dice que un buen cuento te regresa a tu mundo con algo distinto, como una suerte de revelación con algo nuevo que se ha aprendido o entendido, algo del mundo o de uno mismo, una búsqueda. Yo diría exactamente lo mismo de una historia real.

Aprender a corregirse es aprender a escribir. Se trata de un trabajo lento y esmerado que al principio se vive como algo latoso pero, aun cuando parezca increíble, con el tiempo se descubre placentero.

El primer proceso de corrección se conoce con el nombre de editing o edición de mesa, que es la revisión necesaria para que el texto refleje lo que se quiere transmitir en contenido y forma. No debe confundirse con la corrección de estilo, que es la que se ocupa de la ortografía, la gramática, la semántica y la claridad de un texto. Lo cierto es que ya plasmada la historia logramos la apertura necesaria para detenernos a pensar si transmitimos lo que nos propusimos, así como analizar la precisión del lenguaje o mejorar la manera de moldear una idea o un sentimiento complejo, o simplemente eliminar lo que sobra.

Siempre se puede recurrir a profesionales, pero es útil saber que hay recursos gratuitos en la Web. Stilus es uno de ellos.

En Stilus podés hacer correcciones ortográficas. Se parece al corrector de Word, pero con la diferencia que podés pedir que te adviertan por ejemplo de: errores de espaciado (esos feos blancos que quedan entre palabra y palabra, por lo general cuando corregirnos), advertir de redundancias y usos abusivos, nombres propios mal escritos o verificar apertura y cierre de signos dobles. Las opciones de revisión son 18 y tiene un diccionario que reconoce nuestra castellano (tildarlo al final de la página).

Igual que el corrector del Word está lejos de ser perfecto, pero ayuda.

He tomado el texto breve del post anterior para mostrarte el funcionamiento.

Una vez que te inscribís en la primera página aparece el corrector ortográfico y las opciones. A la derecha te va presentando los errores. En mi texto había un error que no detectó, pero me alertó porque la maquina entendía que era un pronombre “él” : lo correcto era “el desarrollo pobre de un texto” y yo había escrito “el desarrolla pobre de un texto”. Antes me había corregido la falta de una coma después de “al tiempo”.

También podés contar con un informe de la corrección y el texto se puede pegar o insertar desde el archivo:

Después está el análisis morfológico. Acá solo se pueden incluir 100 palabras cada vez.

La imágenes que siguen solo muestran pequeños fragmentos del análisis de mi texto.

Aconsejo entrar y recorrer la página. Tiene varias herramientas más.

https://www.mystilus.com/

«La escritura precisa es un acto de respeto hacia el mundo»

Lo dijo el escritor español Julio Navarro

Justo Navarro es también poeta, traductor y crítico. Escribió Finalmusik, una novela que transcurre en Roma en 2004. Las brigadas islámicas lanzan un ultimátum para deponer al primer ministro bajo amenaza de incendiar Italia y al mismo tiempo una mujer identifica cerca del circo romano al criminal más buscado de Italia. Estos hechos se entrelazan con notas de los diarios personales reales del autor. Se narran hechos de su vida con hechos ficticios en primera persona. El protagonista se identifica con las iniciales del autor.

“La ficción añade a la realidad y permite al escritor entrar en la intimidad de otras personas y ponerlas a hablar”, dice el escritor.

Volvamos a la concisión. Una frase puede estar bien redactada y tener un sentido claro, pero no ser concisa. Lo que se puede decir con menos palabras sin perder el sentido, mejor. No confundir concisión con el desarrollo pobre de un texto.

Aquí el ejercicio de mi último post en Instagram y las soluciones: Petenece al libro Corte y corrección de Marcelo Di Marco

Ejercicio:

Sacar las palabras que sobran:

1. En este fragmento hay una palabra más que en el original.

Me levanté de un salto y corrí velozmente al dormitorio.

2. Una palabra más que en el original.

Era estremecedor el desamparo de esa mujer, aislada por una infranqueable barrera de locura.

3.  Dos palabras más.

Ya no se oía el ruido del tiroteo.

4.  Dos palabras más.

En las manos del indio, el arco dejó de ser una pieza de museo y se volvió un objeto con vida propia.

5.  Dos palabras más.

El retiro del doctor Agüero no hizo que mejorara la disciplina interna del Colegio.

6.  Tres palabras más.

Tal vez tenga que escribir todo de nuevo sobre papel blanco, con tinta azul, o negra, o roja como el color de su sangre.

7.  Tres palabras más.

El pobre Juan tenía una sola y única debilidad: la música.

8. Tres palabras más.

Su biblioteca atesora centenares de volúmenes en sus estantes.

Textos originales

  1.  Me levanté de un salto y corrí al dormitorio.

 —Juan José Manauta

  •  Era estremecedor el desamparo de esa mujer, aislada por una barrera de locura.

—Cristina Fernández Barragán

  •  Ya no se oía el tiroteo.

—Manuel Gálvez

  •  En las manos del indio, el arco dejó de ser una pieza de museo y se volvió un objeto vivo.

—Sylvia Iparraguirre

  •  El retiro del doctor Agüero no mejoró la disciplina interna del Colegio.

—Miguel Cané

Repeticiones

Una manera de analizar tu texto con ayuda de la web

La web está llena de herramientas para diferentes propósitos. En este caso voy a hablar de DataBasic, una forma fácil de analizar tu texto y ver las palabras y frases que se repiten.

Al entrar a https://databasic.io/es/, verás abajo a la izquierda en cuadrado naranja que dice Word Couter, la traducción es “contador de palabras”, tenés que hacer clic y se abre otra página que te da cuatro opciones a nosotros nos interesa las dos del medio: “pegar texto” y “subir un archivo”. Si elegís la primera tenés que ir al lugar donde está tu escrito,  seleccionarlo (iluminar) y después pegarlo en el cuadro blanco que se abre cuando hacés clic sobre “pegar texto”. Si preferís subir el archivo, das un clic en “subir archivo” y se abre la opción de buscarlo dentro de tu PC.

Un ejemplo: Usaré un breve texto a modo de introducción para un libro que escribí, sobre cómo viven las personas que tienen vidas largas, con el fin de publicarlo en España y Mexico.

 Y cuando subí lo escrito a la página de DataBasic lo primero que apareció fue el siguiente dibujo:

Se trata de un texto de 220 palabras y esta es una parte de composición (no incluyo las que solo aparecen una vez):

El dibujo revela las palabras más importantes del texto y me parecen representativas de lo que quería expresar. Acá lo incluyo.

¿Por qué?

Llegar a los 100 años y más se ha convertido en una posibilidad gracias a los avances científicos. ¿Cómo nos preparamos para vivir esos 30 años que la humanidad se ha regalado?

¿Existe alguna fórmula para vivirlos en buen estado?

Yo no soy médica ni científica, solo una persona que, a través de la escritura, indago sobre aquello que me inquieta o despierta mi curiosidad. Si has leído o visto mis libros, verás que responden a temáticas y géneros diversos. Pues bien, un día tomé conciencia de que empezaba a cruzar el umbral de la vejez y no sabía qué hacer con eso. El camino de las cirugías rejuvenecedoras no me interesaba. Fue Christiane Dosne Pasqualini, científica y primera mujer en la Academia de Medicina de la Argentina, que llegó a mi taller de escritura con 94 años, quien me señaló la dirección correcta. Así surgió este libro que en cierto sentido es una larga charla entre quienes se acercan a la vejez y quienes, acercándose a los 100 años, la han transitado.

A través de la vida de hombres y mujeres de vidas largas y también de indagar qué pasa con la vejez desde la perspectiva histórica, científica, social y artística fui encontrando mis respuestas. Mi más ferviente deseo es que el lector pueda encontrar las suyas.

El libro se puede comprar haciendo clic en: https://www.amazon.es/C%C3%B3mo-viven-los-que-a%C3%B1os-ebook/dp/B07QGPC7ZF/ref=sr_1_3?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=2QKKXGW2L13XI&keywords=virginia+haurie&qid=1554762519&s=gateway&sprefix=virginia+hau%2Caps%2C341&sr=8-3

En la Argentina se publicó con el nombre No dejo entrar al viejo en casa y se vende a través de la web www.virginiahaurie.com.ar

Por dónde empezar II

Beryl Markha, una aviadora y aventurera, inicia su autobiografía titulada “Al oeste con la noche” reflexionando sobre lo que nos suele pasar a todos cuando queremos empezar a escribir la propia historia: cómo ordenar los recuerdos que se nos precipitan completamente enredados. Escribe Beryl:

    ¿Cómo es posible poner orden en los recuerdos? Me gustaría empezar por el principio, con paciencia,
como un tejedor en su telar. Me gustaría decir: «El lugar de partida es éste; no puede ser otro. Pero hay un centenar de sitios por dónde empezar porque hay un centenar de nombres —Mwanza, Serengetti, Nungwe, Molo, lbkuru—. Hay fácilmente un centenar de nombres y lo mejor que puedo hacer es elegir uno de ellos —no porque sea el primero ni porque tenga ninguna importancia en el sentido de disparatada aventura, sino porque resulta que ahí está, el primero en mi diario—. Al fin y al cabo, yo no soy tejedor. Los tejedores crean. Esto es un recuerdo, una rememoración. Y los nombres son las llaves para abrir los pasillos que ya no están nítidos en la mente aunque sigan siendo familiares para el corazón. Por lo tanto el nombre será Nungwe —tan válido como cualquier otro—, apuntado así en el diario, para prestar realidad, ya que no orden, a los recuerdos.

   Beryl decidió empezar por el nombre de un lugar cualquiera de África de los muchos que le vinieron a la memoria. Aun cuando para ella fue aleatorio, es un buen comienzo porque de entrada nos presenta su esencia aventurera: una mujer, en 1935, piloteando su avión en medio de la noche para llevar una carga a Nungwe, un pueblo perdido de África. En “La loca de la casa” Rosa Montero también se pregunta sobre cómo ordenar sus recuerdos:

   Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. “Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina”, me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizcas del pasado, parecen colocarse en su lugar. Todos los humanos recurrimos a trucos semejantes; sé de personas que cuentan sus vidas por las casas en las que han residido, o por los hijos, o por los empleos, e incluso por los coches.

Por dónde empezar


Dispuesto a comenzar a escribir, las primeras preguntas son cómo empezar, cómo ordenar los recuerdos, si usar el “yo” o la tercera persona. Después, a medida que se avanza, aparecen otros interrogantes. Escribir la propia historia no es diferente a escribir ficción. Las técnicas son las mismas, y en el proceso a veces se nos van las ganas, surgen dudas a cada paso, queremos abandonar, nos parece aburrido o no nos gusta lo que escribimos. Más de una vez pensamos a quién podrá importarle lo que hacemos. Además, no se gana dinero aunque podría ocurrir; ¿por qué no? El libro Mamá, de Jorge Fernández Díaz, que no fue escrito para publicar, lleva 35 ediciones.

Continuará…

(foto:nick-morrison-unsplash)

Cómo configurar el word

¿Querés que tu texto tenga un formato literario? Hay que hacer unos pequeños cambios porque el programa Word por defecto está configurado sin sangría y con doble espacio después del punto y aparte que es la forma en que se escriben los informes técnicos.

1- Ir a inicio arriba a la izquierda en la barra de tareas

2- Teclear seleccionar todo en el lado derecho de la barra.

3- Posicionado sobre la selección teclear el botón derecho del mouse y seleccionar párrafo.

4- Poner los valores que aparecen en la imagen.

El blanco. Por qué es importante en la escritura.

Cómo escribir. Recursos
Taller de escritura. Herramientas, técnicas.

Como en la música o en la pintura, el blanco tiene sentido en una obra literaria. Señalan en la página el límite de la obra, demarcan sus partes: capítulos, determinados párrafos. En resumen, los blancos son una forma, dice Wolfgang Iser, autor de El acto de leer. Delimitan el campo de visión y crean el escenario para la obra escrita.
La forma más utilizada de intercalar blancos para separar textos es el capítulo. Es la división que se hace con el fin de ordenar e integrar el contenido y así facilitar la lectura. La extensión de los capítulos varía de acuerdo con las necesidades del autor y la obra. Dentro de un mismo libro la duración de cada capítulo puede diferir del resto. A veces los libros están divididos en partes y estas a su vez en capítulos, pero también hay novelas que no tienen capítulos. Las divisiones pueden llevar números, títulos, años o nada.
Algunos capítulos cuando no tienen número se consideran como una subdivisión diferente, por ejemplo el prólogo, la introducción, el epílogo.
Los blancos marcan un ritmo. Antes de leer un libro con solo hojearlo se puede percibir el ritmo por sus blancos. Tenemos otros blancos que son los llamados blancos activos. Stéphane Mallarmé, poeta y crítico francés, junto con otros poetas, emplearon por primera vez los blancos en una página
como elementos con significado.
Windows por defecto hace un blanco después de cada punto aparte porque es el estilo usado para informes técnicos, pero resulta molesto cuando escribimos literatura porque ese espacio en blanco tienen un sentido distinto.
VH

Continuará…
En una próxima entrada te explicaré cómo configurar el Word para textos literarios.

Foto de Annelies Geneyn en Unsplash