George Perec, un fuera de serie (1 parte)

de Wikipedia

Georges Perec es el escritor más singular que he encontrado en el vasto campo de los géneros del yo. Me entusiasma porque jugaba con la literatura, porque escribía sin importarle la posteridad, porque sus libros son sorprendentes.

Perteneció al grupo OULIPO, un Taller de Literatura Potencial francés, fundado en 1960 por el escritor Raymond Queneau. No podía ser de otra manera. El objetivo de los escritores que participan de este grupo es lúdico y científico. Los une la creación de obras literarias con técnicas de escritura basadas en restricciones. Se definen como “ratas que construyen el laberinto del cual se proponen salir”. Perec creó una de las obras más representativas de este grupo: Secuestro, una novela de intriga escrita como un lipograma donde se omite la letra «E», la más frecuente en el idioma francés. Poco después, escribió Les Revenentes utilizando solo palabras con la vocal «E».

Las cosas  fue su primer libro. La novela es premonitoria. Está ambientada en los inicios de la sociedad de consumo. Una pareja de jóvenes se gana la vida haciendo encuestas de publicidad y sueña con tener cosas, ser ricos, viajar por el mundo, poseer. En la novela tienen más peso las cosas que los personajes. De hecho hay una parte que es una larga y detallada lista, casi un catálogo, de cosas que desean para una casa ideal. Una casa que no tiene ventanas.

El llamado boom del consumo llegó poco después de la Segunda Guerra Mundial y la sociedad occidental cambió para siempre. Se instala que hay que gastar dinero y se fogonea la satisfacción de necesidades que no son esenciales, así como la idea que en la obtención de bienes materiales está la felicidad y la promesa de ser alguien. Es difícil de imaginar para quienes crecieron con esta fórmula que hubo un tiempo en que no se consumía con la voracidad actual.

La novela Las cosas está escrita en condicional (podría, haría, compraría) y la mayor parte del tiempo en tercera persona del plural (ellos), un uso nada común. El resultado es cierta sensación de ensueño. Lo interesante es también nos lleva a plantearnos qué felicidad encontramos en “las cosas”.

Otra novela fuera de lo común, escrita en segunda persona, es Un hombre que duerme, acerca de un estudiante que decide no levantarse de la cama, dejar los estudios y cortar toda relación con amigos y parientes. La vida instrucciones de uso es la más compleja. Describe todo lo que ocurre, al mismo tiempo, en cada una de las habitaciones de un edificio parisino para lo que recurre a 99 capítulos y más de 1500 personajes. Es como si todo el frente de un edificio tuviera un cristal y nosotros fuéramos testigos de lo que ocurre en cada uno de los departamentos. La obra fue pensada como un rompecabezas en el que las historias se conectan a partir de distintos detalles.

Perec trabajó mucho sobre lo autobiográfico. El libro Nací, creo que es el único editado en la Argentina*, reúne varios textos muy distintos: el argumento para un libro, un borrador, un cuento, un texto para la radio, un relato oral, una nota crítica, un autorretrato, un artículo de revista, una entrevista.

Las raíces de su interés por el género tienen estrecha relación con la búsqueda de la identidad y la memoria. Fue hijo único de una pareja judía que emigró a Francia en los años veinte. Ambos murieron jóvenes, el padre en la guerra y la madre en un campo de concentración. Perec era un niño cuando, para salvarlo de los nazis, lo enviaron con unos parientes al norte de Francia en donde creció con otra identidad, obligado a olvidar.

En 1969, Perec le planteó a Maurice Nadeau, un legendario editor francés, un gran proyecto autobiográfico en cuatro libros: W o el recuerdo de la infancia será el único terminado. Los otros eran El árbol, Lugares donde he dormido y Lugares. En ellos se proponía más que hablar de sí, escribir sobre lugares, hechos y objetos asociados a su propia experiencia.

W o el recuerdo de la infancia no está publicado en la Argentina, sí en Chile, posiblemente porque la parte novelada del libro ocurre en una isla imaginaria, W, ubicada en el sur de ese país. Perec relata allí varias infancias. La de sus recuerdos, que llevan numerosas notas al pie acerca de lo que descubrió al investigar posteriormente y la que hubiera podido tener. Los relatos reales y los ficticios, ambos escritos en primera persona pero con distinta tipografía, se alternan a lo largo del libro. Acerca de los reales dijo el autor: “es el relato fragmentario de una niñez durante la guerra, pobre en hazañas y recuerdos, hecha de retazos esparcidos, de ausencias, de olvidos, de dudas, de hipótesis, de anécdotas raquíticas”. El relato ficticio es la recreación de un cuento que inventó a los 12 años. Transcurre en la isla W y evoca una sociedad regida por el ideal olímpico. Es inevitable asociarlo con la formación que debieron tener las juventudes nazis, a mí me recordó también la trilogía Juegos del Hambre, la distopía de Suzanne Collins.

Ambos relatos confluyen al llegar al final del libro con unas palabras reveladoras en primera persona. “Olvidé las razones que, a los doce años, me hicieron elegir la Tierra del Fuego para instalar allí W. Los fascistas de Pinochet se encargaron de dar a mi fantasma una última resonancia. Varios islotes de la Tierra del Fuego son actualmente campos de deportación”.

En la próxima entrega me ocuparé de su libro Me acuerdo.

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