Sukkwan Island. David Vann, un hallazgo

Cuando David Vann decidió escribir sobre su padre, la familia lo apoyó, menos la abuela que lloró tres días seguidos, le reprochó que no respetara la memoria del padre y le aconsejó acercarse a Jesús. Después ella leyó el libro y lo agradeció porque le había permitido comprender qué le había pasado a su hijo y entendió que David había intentado resucitarlo y eso era una muestra de respeto.

Una de las portada del libro .

Este escritor de sonrisa abierta nació en 1962 en Adak, Alaska, una isla de unos doscientos habitantes, pero su infancia trascurrió en el pueblo Ketchikan que tiene alrededor de 8.000. En su niñez salía a pescar salmones y cazar ciervos con su padre. Durante esa vida aventurera en la que muchas veces corrieron peligro de muerte aprendió a curtir pieles,  limpiar pescado y cortar leña. A pesar de la persistente sensación de que algo acechaba cada vez que se internaba en los bosques, sus recuerdos de infancia en esa Alaska mítica son maravillosos. Imposible olvidar, por ejemplo, los cientos de salmones en derredor del barco al entrar en una bahía o el cielo rojo de los atardeceres, y el verde por encima antes de volverse azul.

Pero un día todo cambió. Los padres se separaron y David se fue a vivir a California con su madre y su hermana. Tenía ya 13 años cuando su padre divorciado dos veces a causa de su infidelidad, lo llamó para proponerle pasar un año juntos en una cabaña en Alaska. La respuesta fue no. Dos semanas después, el padre se pegó un tiro.

Siguieron 20 años de culpa, vergüenza, enojo en los que David Vann apenas dormía y en los que se sintió condenado a repetir lo que su padre había hecho, pensando que en algún momento de debilidad él estaría ahí, esperándolo.

No nació en una familia sencilla. En ella hay una historia de violencia, varios suicidios e incluso un asesinato. Vale contar que después de la muerte del padre, Vann recibió de regalo todas las armas del padre, incluso el rifle para matar osos con el que se había suicidado. El hecho fue espeluznante. El hombre se mató mientras hablaba por teléfono con su segunda mujer (madrastra de Vann). Antes de matarse le dijo: «Te quiero pero no voy a vivir sin ti». No le importó que la madre de esa mujer también se hubiera suicidado después de pegarle un tiro al marido por serle infiel.

David Vann tenía 19 años cuando recurrió a la escritura. ¿Qué hubiera pasado si él hubiera dicho que sí? Terminar la novela le llevó diez años y doce en venderla. Lo que escribió los primeros años lo tiró a la basura, no podía salir de la escena cuando supo de la muerte. Era una narración cargada de emoción en las que todos lloraban. Pensar cómo hacerlo fue un largo proceso. La escritura tiene que trasformar la experiencia y convertirla en algo que sea interesante de ser leído, ha dicho David Vann. Cuando supo cómo, le llevó 17 días escribir la mitad del libro.

El argumento trata de un hombre depresivo y desesperanzado, con dos divorcios a causa de sus infidelidades, que siente la urgente necesidad de romper con el pasado y empezar de nuevo. Pero no se atreve a hacerlo solo y recurre a su hijo de 13 años. Le propone pasar juntos un año en una cabaña solitaria que ha comprado en una isla de Alaska. El hijo acepta, sin demasiado entusiasmo, por afecto. Los personajes son reales así como las circunstancias que motivan el viaje, solo que en la ficción el  hijo dice: sí.

Los hechos narrados ocurren en la isla Sukkwan, ubicada a menos de 100 kilómetros de la isla en donde Vann pasó la infancia. Nunca había estado allí y la eligió a propósito para que no lo entorpecieran los recuerdos de los lugares donde había estado su padre.

La llegada a la isla es en avión, el único contacto que tendrán con el exterior cada tanto. Son los únicos habitantes del lugar. La cabaña que los espera es bastante precaria y deberán trabajar duro, sin las herramientas adecuadas, para prepararse a pasar el invierno. A lo largo del relato el padre sufre mucho y no piensa con claridad. Lo atormentan sus pesares, sus matrimonios fracasados, el fisco, y no parece registrar la presencia del hijo. El muchacho se siente sometido a mucha presión por la debilidad y el carácter depresivo del padre e incluso se verá obligado a tener que cuidar de él.

Editorial Noma de Barcelona editó un comic Sukkwand Island.
Autor Ugo Bienvenu

La descripción de la cotidianeidad en el ambiente salvaje de ese lugar de Alaska es extraordinaria (a un lector ansioso le puede resultar redundante), pero está allí al servicio de lo que el autor quiere trasmitir. La incomodidad de la cabaña unido a la furia del clima llama a agradecer sentir el cobijo de una cama caliente y qué decir de la sensación de hambre que provoca la frugalidad a la que se ven sometidos los personajes.

Alaska es el tercer protagonista de esta historia, los olores, la fauna, la flora, las variantes del frío, están sumamente descritas. El paisaje se entremete y nos cuenta cómo son los personajes. Mientras el malestar y la incomunicación entre padre e hijo crece, la amenaza del afuera empeora hasta límites insoportables y refuerza el miedo que ellos sienten (también, el lector). El autor reconoce que aprendió de Cormac McCarthy (a quien leía mientras escribía) que los pensamientos y sentimientos de los personajes se expresen través del paisaje, sobre todo en la novela Meridiano de sangre. Vann logra ese efecto con estilo propio.

Es imposible no preocuparse y sufrir por ese adolescente, solo con  un hombre tan poco confiable, en una isla inhóspita alejado de todo, y mucho desagrado por la figura del padre. Pero el autor ha dicho que su intención fue la de lograr que el lector sienta empatía por su padre, que pudiera acercarse a la desesperación que sentía, para comprender cómo pensaba. Vann cree que eso es posible. Aunque si lo razono me parece increíble, por segundos, me pasó.

No voy a hablar más del argumento. En un reportaje, realizado por Página dos de España, se le pregunta si el libro Sukkwan Island fue una escritura terapéutica. Su repuesta me pareció digna de ser tenida en cuenta por todos aquellos que buscan en la escritura una manera de sanar su pasado. Dijo: “la escritura y la terapia tienen que ver con la verdad, pero solo la escritura incluye belleza. Los libros son mucho más y espero que mi libro sea mucho más que terapia”.

Un suicidio es como una conversación interrumpida, dijo también  Vann, y en ese sentido su libro fue, en cierta forma, una carta a su padre para decirle que lo amaba. En ese sentido no niega que para él fue muy terapéutico intentar entender a su padre por diez años, pero recién un año después encontró el significado de lo que había escrito.

La novela, como ya dije, tiene tres protagonistas y está dividido en dos partes. No hay mucho diálogo y estos no están marcados por el signo convencional de la raya. En la primera parte se utiliza el narrador interno del joven, en la segunda parte, la del padre. Prestar atención que a poco de empezar esta última el personaje del padre utiliza una shockeante primera del plural que muestra el arte del escritor para manejar las emociones humanas.

La ficción es redentora porque se puede cambiar el pasado, dice Vann, y yo no pude dejar de asociarlo con Alfred y Emily, el libro que Doris Lessig escribió sobre sus padres y su infancia. Ella imagina cómo habría sido la vida de sus padres si la primera Guerra Mundial que les arruinó la vida no hubiera ocurrido.

Sukkwan Island, una novela escalofriante, sorprendente e imprevisible, que a veces llega al límite de lo desagradable, le permitió a David Vann ajustar cuentas con el fantasma de su padre. Así pudo superar 15 años de insomnio, también la vergüenza y el enojo que lo envolvió por dos décadas, pero sobre todo logró lo que solo permite la literatura: que su padre vuelva a la vida.  

Vann siguió escribiendo novelas. La última es Acuario y es la primera que se aleja de sus fantasmas familiares y de los helados paisajes de Alaska. Los comentarios dicen que el libro navega entre el cuento de hadas y la tragedia griega. Muero por leerla.

David Vann, un hallazgo que no hay que soltar.

Nuevo libro de la Colección Autobiografía, historia familiar y Autoficción

Autobiografía, historia familiar y autoficción XII reúne pequeños recuerdos de lo cotidiano, de hechos y cosas que todos los que tenemos más o menos la misma edad hemos visto o compartido y que borramos de la memoria porque no merecían ser recordadas. Nuestros “me acuerdo” como le sucedió a Joe Brainard y George Perec surgieron a borbotones. En nuestro caso concentrados en las décadas de la infancia, aunque alguno que otro autor saltó esa barrera: “me acuerdo de los bancos de madera con tintero”, “me acuerdo de la sangre que chorreaba la revista Así”, “me acuerdo que el verdulero decía que el hombre no había llegado a la luna”, “me acuerdo que los padres asustaban a los niños con el cuco Lumumba”, “me acuerdo de las revistas mejicanas y del Llanero solitario”, “me acuerdo de la soda hecha con un polvo“, “me acuerdo que la misa se decía en latín”, “me acuerdo de las motonetas Vespa”…

En este libro no hay un autor único, en ese sentido, vas a encontrar “me acuerdos” de tipo localista, otros muy personales y hasta quien utilizó esta expresión como recurso para narrar una historia. Y como somos únicos y diferentes a algunos no les atrajo la propuesta. Como en volúmenes anteriores también contiene relatos de inspiración autobiográfica, autobiográficos puros y de autoficción. 

Los interesados contactar a través de esta página.

George Perec, un fuera de serie (1 parte)

de Wikipedia

Georges Perec es el escritor más singular que he encontrado en el vasto campo de los géneros del yo. Me entusiasma porque jugaba con la literatura, porque escribía sin importarle la posteridad, porque sus libros son sorprendentes.

Perteneció al grupo OULIPO, un Taller de Literatura Potencial francés, fundado en 1960 por el escritor Raymond Queneau. No podía ser de otra manera. El objetivo de los escritores que participan de este grupo es lúdico y científico. Los une la creación de obras literarias con técnicas de escritura basadas en restricciones. Se definen como “ratas que construyen el laberinto del cual se proponen salir”. Perec creó una de las obras más representativas de este grupo: Secuestro, una novela de intriga escrita como un lipograma donde se omite la letra «E», la más frecuente en el idioma francés. Poco después, escribió Les Revenentes utilizando solo palabras con la vocal «E».

Las cosas  fue su primer libro. La novela es premonitoria. Está ambientada en los inicios de la sociedad de consumo. Una pareja de jóvenes se gana la vida haciendo encuestas de publicidad y sueña con tener cosas, ser ricos, viajar por el mundo, poseer. En la novela tienen más peso las cosas que los personajes. De hecho hay una parte que es una larga y detallada lista, casi un catálogo, de cosas que desean para una casa ideal. Una casa que no tiene ventanas.

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Muerte en familia, de James Agee

Lo primero que supe de él fue que lo habían llamado el Poeta de la verdad, un hombre que tenía obsesión por escribir sobre su percepción de la verdad y que había escrito un libro autobiográfico, ganador del Premio Pulitzer de novela en 1958.
La  ´verdad´ es un tema al que estoy siempre atenta porque es sustancial en los géneros referenciales y quise saber más; sobre todo porque no se trataba de un teórico sino de un escritor y periodista. El apelativo lo creó John Huston el famoso director, guionista y actor de cine y lo escribió en sus memorias A libro abierto. Vale la pena leer el retrato que hace de Agee cuando trabajaron juntos para escribir el guión de la película La Reina africana:

   Agee medía más de un metro ochenta, tenía un torso poderoso, las manos grandes y fuertes, la cara pálida, el pelo castaño, los ojos azules, y una boca a la que le faltaban varios dientes. Recuerdo que cada vez que se reía, se tapaba la boca con la mano furtivamente. Cuando le conocí mejor, traté de convencerle de que fuera al dentista, decía que sí, pero nunca llegó a ir, a pesar de que le concerté varias citas.
Jim llevaba siempre la ropa sin planchar; que yo sepa, sólo tenía una corbata, y sus zapatos nunca estaban limpios. Le encantaba hablar; y yo pensaba a menudo que juzgaba a la gente más interesante o inteligente de lo que realmente era debido a su costumbre de encontrar profundos sentidos en los comentarios vulgares. Seguí leyendo “Muerte en familia, de James Agee”

Por dónde empezar II

Beryl Markha, una aviadora y aventurera, inicia su autobiografía titulada “Al oeste con la noche” reflexionando sobre lo que nos suele pasar a todos cuando queremos empezar a escribir la propia historia: cómo ordenar los recuerdos que se nos precipitan completamente enredados. Escribe Beryl:

    ¿Cómo es posible poner orden en los recuerdos? Me gustaría empezar por el principio, con paciencia,
como un tejedor en su telar. Me gustaría decir: «El lugar de partida es éste; no puede ser otro. Pero hay un centenar de sitios por dónde empezar porque hay un centenar de nombres —Mwanza, Serengetti, Nungwe, Molo, lbkuru—. Hay fácilmente un centenar de nombres y lo mejor que puedo hacer es elegir uno de ellos —no porque sea el primero ni porque tenga ninguna importancia en el sentido de disparatada aventura, sino porque resulta que ahí está, el primero en mi diario—. Al fin y al cabo, yo no soy tejedor. Los tejedores crean. Esto es un recuerdo, una rememoración. Y los nombres son las llaves para abrir los pasillos que ya no están nítidos en la mente aunque sigan siendo familiares para el corazón. Por lo tanto el nombre será Nungwe —tan válido como cualquier otro—, apuntado así en el diario, para prestar realidad, ya que no orden, a los recuerdos.

   Beryl decidió empezar por el nombre de un lugar cualquiera de África de los muchos que le vinieron a la memoria. Aun cuando para ella fue aleatorio, es un buen comienzo porque de entrada nos presenta su esencia aventurera: una mujer, en 1935, piloteando su avión en medio de la noche para llevar una carga a Nungwe, un pueblo perdido de África. En “La loca de la casa” Rosa Montero también se pregunta sobre cómo ordenar sus recuerdos:

   Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. “Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina”, me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizcas del pasado, parecen colocarse en su lugar. Todos los humanos recurrimos a trucos semejantes; sé de personas que cuentan sus vidas por las casas en las que han residido, o por los hijos, o por los empleos, e incluso por los coches.

Por dónde empezar


Dispuesto a comenzar a escribir, las primeras preguntas son cómo empezar, cómo ordenar los recuerdos, si usar el “yo” o la tercera persona. Después, a medida que se avanza, aparecen otros interrogantes. Escribir la propia historia no es diferente a escribir ficción. Las técnicas son las mismas, y en el proceso a veces se nos van las ganas, surgen dudas a cada paso, queremos abandonar, nos parece aburrido o no nos gusta lo que escribimos. Más de una vez pensamos a quién podrá importarle lo que hacemos. Además, no se gana dinero aunque podría ocurrir; ¿por qué no? El libro Mamá, de Jorge Fernández Díaz, que no fue escrito para publicar, lleva 35 ediciones.

Continuará…

(foto:nick-morrison-unsplash)

Cómo configurar el word

¿Querés que tu texto tenga un formato literario? Hay que hacer unos pequeños cambios porque el programa Word por defecto está configurado sin sangría y con doble espacio después del punto y aparte que es la forma en que se escriben los informes técnicos.

1- Ir a inicio arriba a la izquierda en la barra de tareas

2- Teclear seleccionar todo en el lado derecho de la barra.

3- Posicionado sobre la selección teclear el botón derecho del mouse y seleccionar párrafo.

4- Poner los valores que aparecen en la imagen.

El blanco. Por qué es importante en la escritura.

Cómo escribir. Recursos
Taller de escritura. Herramientas, técnicas.

Como en la música o en la pintura, el blanco tiene sentido en una obra literaria. Señalan en la página el límite de la obra, demarcan sus partes: capítulos, determinados párrafos. En resumen, los blancos son una forma, dice Wolfgang Iser, autor de El acto de leer. Delimitan el campo de visión y crean el escenario para la obra escrita.
La forma más utilizada de intercalar blancos para separar textos es el capítulo. Es la división que se hace con el fin de ordenar e integrar el contenido y así facilitar la lectura. La extensión de los capítulos varía de acuerdo con las necesidades del autor y la obra. Dentro de un mismo libro la duración de cada capítulo puede diferir del resto. A veces los libros están divididos en partes y estas a su vez en capítulos, pero también hay novelas que no tienen capítulos. Las divisiones pueden llevar números, títulos, años o nada.
Algunos capítulos cuando no tienen número se consideran como una subdivisión diferente, por ejemplo el prólogo, la introducción, el epílogo.
Los blancos marcan un ritmo. Antes de leer un libro con solo hojearlo se puede percibir el ritmo por sus blancos. Tenemos otros blancos que son los llamados blancos activos. Stéphane Mallarmé, poeta y crítico francés, junto con otros poetas, emplearon por primera vez los blancos en una página
como elementos con significado.
Windows por defecto hace un blanco después de cada punto aparte porque es el estilo usado para informes técnicos, pero resulta molesto cuando escribimos literatura porque ese espacio en blanco tienen un sentido distinto.
VH

Continuará…
En una próxima entrada te explicaré cómo configurar el Word para textos literarios.

Foto de Annelies Geneyn en Unsplash

Mientras escribo, de Stephen King

Sobre  libros de Stephen King se han hecho películas inolvidables. Quién no recuerda Misery con James Caan interpretando al escritor, postrado en la cama, a merced de la locura de su fanática lectora; a la adolescente Carrie cubierta de sangre; o al loco que persigue a su familia por un hotel deshabitado en medio de una montaña nevada. Puede que no te guste leer libros de terror pero no dejes de lado Mientras escribo porque es indispensable para quien quiere escribir. Hay pocos escritores que hablen del oficio con tanta generosidad. Está escrito desde las entrañas y la primera persona que utiliza es la voz sincera de un amigo que ofrece su “Caja de herramientas” tiene cinco divisiones referidas a los instrumentos  necesarios que debemos tener a mano, sin dejar de lado algunas de sus obsesiones como el exceso de adverbios o el uso de la voz pasiva. Es un buen preludio para la tercera parte en la que relata cómo escribe él. En sus 16 divisiones nos pasea por temas imprescindibles: dedicación, inspiración, lectura, lenguaje, importancia de la verdad, construcción de personajes, trama y muchos otros. Inolvidables las anécdotas de cómo surgieron algunas de sus historias más conocidas como Carrie y Misery.
     “Posdata: vivir” no es muy extenso, tiene siete divisiones. Es el relato del accidente en el que casi pierde la vida. Una camioneta lo atropelló durante una de sus caminatas diarias.
     Es un libro de alrededor de 200 páginas. Está dividido en cuatro partes tituladas: “Currículum vitae”, “Caja de herramientas”, “Escribir y “Posdata: vivir”.
     Ocurrió mientras estaba dedicado a este libro. De esta parte quiero destacar el rol de Tabby, su mujer, que hace honor al dicho que quiero parafrasear así “Detrás de un gran escritor además de una gran mujer hay una escritora”, porque sin Tabitha King –autora de siete novelas– ni Carrie ni este libro hubieran llegado a un punto final. Tabby sacó del tacho de basura el borrador de Carrie, supo que tenía valor literario y lo instó a seguirlo; lo mismo hizo para que no abandonara Mientras escribo cuando apenas podía permanecer sentado por los dolores que sufría debido a las muchas cirugías que soportó después del accidente.
      Por último, el libro tiene tres prólogos escritos por el propio autor y termina con dos coletillas* sobre los temas que considera más importantes: la corrección y la lectura. El primero lo explica con un ejemplo, el segundo con una larga lista de los libros leídos por él en los últimos tres años. Enumerar los que ha leído a lo largo de la vida hubiera sido imposible ya que Stephen King lee alrededor de 80 libros por año.

Se pueden leer más comentarios de libros en mi libro El escritor autobiográfico.