Corregir con ayuda de la Web

Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.
Simone de Beauvoir

Al fin ponemos un punto final a nuestra historia. Sin embargo, no hemos terminado porque hay que corregir. Lo ideal es guardar el borrador un tiempo. Si lo que tenemos en nuestras manos es un libro, tratemos de vencer el impulso de mandárselo a algún editor interesado (si la intención es publicar) hasta tener los ojos frescos para empezar otra fase importante de la escritura que es la corrección. No todos los autores esperan terminar el libro para corregir y lo hacen a medida que avanzan, pero igual es necesario hacer una nueva revisión al finalizarlo.

Los muy obsesivos, deben saber que una corrección reduce los errores, pero no los elimina totalmente. Pensar un libro libre de errores es una fantasía. La corrección no significa ir en contra de la espontaneidad y la frescura de un texto y va más allá de revisar la ortografía, afinar una frase, quitar palabras o una oración aquí y allá o perfeccionar una metáfora. La corrección hay que pensarla como la oportunidad de contestarse qué es lo que uno quiso decir a través de lo escrito. Samanta Schweblin, una joven escritora argentina, dice que un buen cuento te regresa a tu mundo con algo distinto, como una suerte de revelación con algo nuevo que se ha aprendido o entendido, algo del mundo o de uno mismo, una búsqueda. Yo diría exactamente lo mismo de una historia real.

Aprender a corregirse es aprender a escribir. Se trata de un trabajo lento y esmerado que al principio se vive como algo latoso pero, aun cuando parezca increíble, con el tiempo se descubre placentero.

El primer proceso de corrección se conoce con el nombre de editing o edición de mesa, que es la revisión necesaria para que el texto refleje lo que se quiere transmitir en contenido y forma. No debe confundirse con la corrección de estilo, que es la que se ocupa de la ortografía, la gramática, la semántica y la claridad de un texto. Lo cierto es que ya plasmada la historia logramos la apertura necesaria para detenernos a pensar si transmitimos lo que nos propusimos, así como analizar la precisión del lenguaje o mejorar la manera de moldear una idea o un sentimiento complejo, o simplemente eliminar lo que sobra.

Siempre se puede recurrir a profesionales, pero es útil saber que hay recursos gratuitos en la Web. Stilus es uno de ellos.

En Stilus podés hacer correcciones ortográficas. Se parece al corrector de Word, pero con la diferencia que podés pedir que te adviertan por ejemplo de: errores de espaciado (esos feos blancos que quedan entre palabra y palabra, por lo general cuando corregirnos), advertir de redundancias y usos abusivos, nombres propios mal escritos o verificar apertura y cierre de signos dobles. Las opciones de revisión son 18 y tiene un diccionario que reconoce nuestra castellano (tildarlo al final de la página).

Igual que el corrector del Word está lejos de ser perfecto, pero ayuda.

He tomado el texto breve del post anterior para mostrarte el funcionamiento.

Una vez que te inscribís en la primera página aparece el corrector ortográfico y las opciones. A la derecha te va presentando los errores. En mi texto había un error que no detectó, pero me alertó porque la maquina entendía que era un pronombre “él” : lo correcto era “el desarrollo pobre de un texto” y yo había escrito “el desarrolla pobre de un texto”. Antes me había corregido la falta de una coma después de “al tiempo”.

También podés contar con un informe de la corrección y el texto se puede pegar o insertar desde el archivo:

Después está el análisis morfológico. Acá solo se pueden incluir 100 palabras cada vez.

La imágenes que siguen solo muestran pequeños fragmentos del análisis de mi texto.

Aconsejo entrar y recorrer la página. Tiene varias herramientas más.

https://www.mystilus.com/